El lugar interior

Hay distintas formas de lectura. Hay una que es la del “había una vez”, donde la historia nos captura y podemos abandonarnos a un placer ancestral, el de la magia del relato que se despliega poco a poco y nos brinda todos los detalles, para recrear sin esfuerzo el mundo que por un momento es el nuestro; donde vivimos historias que más tarde pasan a formar parte de nuestros recuerdos.

Pero la lectura que Saer nos propone en Lugar es diametralmente opuesta. No pretende llevarnos al país del nunca jamás. Saer nos brinda sólo parte de la historia: sugiere, apela a la imaginación, a la reflexión… nos incluye.

La lectura que plantea es ciertamente lenta y trabajosa. Las dos páginas de “La conferencia” presuponen una lectura doble y atenta. Al terminar un relato, no podemos pasar inmediatamente a otro, porque el cuento quedaría apenas esbozado y sin terminar. El texto se completa en nosotros. Sin dialéctica entre escritor y lector, el cuento queda trunco. El lector de Saer no puede ser pasivo; debe re-leer, re-construir, re-elaborar, para descubrir sentidos. Ese es el desafío.

Abundan las descripciones minuciosas y detalladas en las páginas de Lugar. Mínimos detalles despiertan múltiples sensaciones. La percepción amplificada ilumina “el lugar”. La mano tibia de un hermano, la belleza incomparable de una madre para su hijo, los fantasmas de una masacre, un patio. El lugar de cada personaje se revela en esa impronta que la experiencia le ha dejado. La percepción es el núcleo de la experiencia.

Saer reflexiona acerca de la literatura, la belleza, la amistad, la cultura, la identidad. Describe los procesos mentales con delicada intuición. En el relato “En línea”, escribe: «“Como es domingo, por la hora debe ser Tomatis”. Desde luego que no lo pensaba en esos términos, con palabras, sino con esa manera peculiar que tienen de presentarse a la mente ciertos pensamientos, prescindiendo de palabras justamente, y aun de imágenes, con una evidencia inmaterial y fugaz pero clara, sin embargo, precisa y brillante.» Y más adelante escribe: «lo oral y lo escrito son dos medios diferentes, como el aire y el agua, y lo que respira en uno a veces se asfixia en el otro».

¿Puede la ficción cobrar tanta realidad como la realidad misma?, ¿y si lo que vemos con tanta nitidez fuera sólo un espejismo? ¿Puede el calor de un niñito derrotar el odio al extranjero? ¿El crimen y la tortura definen mejor a la especie humana que la ciencia y el arte? La lectura de Lugar nos deja infinidad de interrogantes y en cada comentario se cuela el modo particular de percibir el mundo de un escritor que posee además una prosa impecable.

20170422_163146-e1492983077295.jpg

Foto: Marina Renó

En “La tardecita”, reflexionando sobre la lectura, agrega: «Existe siempre durante el acto de leer un momento, intenso y plácido a la vez, en el que la lectura se trasciende a sí misma, y en que, por distintos caminos, el lector, descubriéndose en lo que lee, abandona el libro y se queda absorto en la parte ignorada de su propio ser que la lectura le ha revelado.»

Yo me animo a imaginar también en Saer escritor una colección de epifanías en el proceso de escritura de estos relatos.

20170422_162935

Foto: Marina Renó

 


Juan José Saer.

Foto: Bernardo Pérez , El País

Juan José Saer (1937-2005): Prolífico escritor argentino nacido en Santa Fe. Escribió novela, cuento, ensayo, poesía y un guión de cine. A los treinta años se muda a París en donde vive hasta su muerte a causa de un cáncer de pulmón. Hijo de inmigrantes sirios en Argentina, repite la historia siendo también él un inmigrante, y si bien vivió casi toda su vida adulta en París, su universo literario se centra en el Santa Fe de su juventud. Lugar (2000) es el último libro que publica en vida. Luego, de manera póstuma aparece La mayor.

En una entrevista del 2000 hecha por María Esther Gilio para Radar, Saer dice “Yo nunca quise ser ninguna otra cosa que escritor. Fue mi única vocación. ¿Feliz dice usted? No sé. Por momentos sí. Soy lo que quise ser.”

Saer es ciertamente uno de esos escritores que el paso del tiempo no hace palidecer, sino que lo engrandece cada vez más.

20170422_161631
Foto Marina Renó

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s