Las ilimitadas posibilidades del hombre

Viktor Frankl (1905-1997), neurólogo y psiquiatra austriaco judío, era en 1942  el Director de Neurología del Hospital de Rothschild, en Viena. Se había casado hacía poco e iba a ser padre. Tras la invasión Nazi, Frankl consigue una visa para emigrar a los EE.UU. Tenía entonces la posibilidad de hacer una gran carrera profesional, pero sus padres no habían podido obtener la documentación para viajar. Su dilema moral era enorme. No podía abandonar a sus padres ya ancianos y desvalidos. Dejó vencer la visa y al poco tiempo fue deportado junto con su mujer y sus padres  a un campo de concentración.

De su mujer y de su madre se despidió apenas llegaron al campo. Su padre, con ochenta años, desnutrido y enfermo murió enseguida. Cuando Viktor Frankl fue liberado tres años más tarde, se enteró de que su madre no había sobrevivido a la primera selección. Había muerto en la cámara de gas solo unos días después de su despedida. Su mujer, en cambio, había muerto solo unos meses antes de tifus.

Sin familia, sin trabajo, sin amigos, sin hogar ni dinero le rondaba la idea del suicidio. Todo lo que lo había mantenido vivo en el campo, ya no existía. Sin embargo, su deseo profundo de dejar un legado lo salvó. Necesitaba dejar por escrito su trabajo profesional de tantos años y así escribió Psicoanálisis y Existencialismo (1945). Ese fue el sentido que Frankl encontró entonces para seguir viviendo.

Poco después comenzó a escribir El hombre en busca de sentido (1946)  en el que se propone describir la vida  en el campo de concentración desde la perspectiva de un psiquiatra.  Cómo el día a día de la vida del campo afectaba la psicología del prisionero. Con qué recursos contaban los que lograban resistir. La experiencia era demasiado reciente y, sin embargo, Frankl describe la psicología del prisionero y de los guardias con una objetividad admirable, sin rastros de odio. Con la capacidad de analizar a los guardias, en esa situación extrema,  como seres humanos y no como monstruos.

Descubrió las estrategias que consciente o inconscientemente los prisioneros adoptaban para sobrevivir. Por qué a veces los hombres de constitución más endeble soportaban mejor la vida en el campo que otros hombres más fornidos.  Reconoció la estrecha relación entre el estado de ánimo y el sistema inmunológico y cómo, en palabras de Nietzche que Frankl repite: “el que tiene un porqué para vivir, puede soportar casi cualquier cómo”.

FranklIndice

Foto interior: Marina Renó

Frankl describió las distintas etapas por las que pasaban los prisioneros al llegar al campo. El shock inicial, la lucha por la supervivencia y la apatía posterior, una especie de muerte emocional que se producía al poco tiempo. Alcanzado ese grado de adaptación al campo, los sentimientos se adormecían y los prisioneros permanecían casi impasibles ante cualquier escena. Finalmente describe cómo al llegar la liberación, tras haberla soñado durante tanto tiempo, no se les había despertado la menor emoción.

¿Por qué leer un libro tan penoso? Porque a veces, las experiencias más extremas nos revelan las verdades más esquivas. Porque tras la experiencia más traumática que una persona puede atravesar, Viktor Frankl le encuentra un sentido a su vida y al salir del campo de concentración termina de desarrollar la Logoterapia, considerada la Tercer Escuela Vienesa de Psicología, después de la escuela de Psicoanálisis de Freud y la de psicología individual de Alfred Adler.

La necesidad de encontrarle sentido a la vida, dice Frankl, es una angustia espiritual, no una enfermedad. Pero no hay que buscarle un sentido abstracto o absoluto.  Cada persona tiene que encontrar el sentido concreto de su vida. El sentido difiere de un hombre a otro, de un día a otro. El hombre puede sufrir y aceptar su sufrimiento si este tiene sentido,  puede vivirlo dignamente y aprovecharlo para su madurez espiritual. El sufrimiento sin propósito, en cambio,  es desesperanza.

Frankl sostiene que hasta en las peores circunstancias uno puede encontrar una razón para vivir. Aunque nuestra libertad sea limitada, siempre podemos elegir. Si no podemos cambiar una situación, al menos podemos cambiar nuestra actitud ante esa situación. El hombre no está condicionado, no se limita a existir, sino que decide a cada instante en qué se convertirá en el minuto siguiente. Nadie puede predecir el comportamiento de ningún hombre.

El hombre en busca de sentido es una lectura indispensable. Ciertamente requiere de voluntad y coraje, pero si bien es un libro abrumador en cierto sentido, también es  inspirador, humano y espiritual. Puede convertirse en un libro de cabecera, porque permite vislumbrar lo ilimitado de las posibilidades del hombre. En el apéndice, Frankl resume los conceptos básicos de la logoterapia y nos muestra el camino que encontró para responder a la pregunta que todo ser humano se hace en algún momento. Tras setenta años, El hombre en busca de sentido se sigue editando y traduciendo. Millones de ejemplares se han vendido en todo el mundo.

Imagno via Getty Images

No se puede dejar de mencionar también la calidad de la edición de Herder (2015) y de la traducción que en este caso ha sido el trabajo conjunto de Christine Kopplhuber a partir del alemán y de Gabriel Insausti Herrero, a partir de la versión en inglés.

Frankl

Foto: Marina Renó

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