El inconfundible sabor irlandés

Edna O’Brien (1932), escritora irlandesa muy valorada y leída en los países de habla inglesa, ha sido, sin embargo, poco traducida al español. Las chicas de campo  (1960) recién apareció en el 2013 publicada por una editorial independiente española, Errata naturae. Esta novela, con la que O’Brien empezó su carrera literaria, le dio fama inmediata. El libro causó sensación en Londres y Nueva York, mientras que en Irlanda, el párroco del pueblo de Tuamgraney del que era oriunda O’Brien, quemó en la plaza frente a la iglesia los tres ejemplares que encontró en la librería. Hoy, después de casi sesenta años, pensar en semejante reacción puede despertar sonrisas, pero en el contexto de la Irlanda ultra católica y opresiva de la época, el libro desató un escándalo.

“Desperté sobresaltada y me incorporé de inmediato. Únicamente me despierto de esa forma cuando algo me angustia; aún así en un primer momento no entendía por qué tenía el corazón tan acelerado. Entonces recordé. La razón de siempre: él no había vuelto a casa todavía.

Me demoré un momento en el borde de la cama antes de levantarme, alisando con una mano la colcha de satén verde. A mamá y a mí se nos había olvidado doblarla antes de acostarnos Me deslicé despacio hasta tocar el suelo y sentí el contacto del linóleo frío en las plantas de los pies. Encogí los dedos de forma instintiva. Tenía unas zapatillas, pero mamá me obligaba a reservarlas para cuando iba a casa de mis tías y primos, y teníamos alfombras, pero las guardábamos bien enrolladas en los cajones hasta que llegaban las visitas de Dublín, en verano.”

Así comienza la novela. La voz narradora es la de Caithleen, una adolescente de catorce años que cuenta las duras condiciones de vida en un pueblo rural de Irlanda. El frío, la incomodidad, las privaciones auto impuestas en épocas en que el confort se rechaza casi por principios. El padre alcohólico y jugador al que ella y su madre temen. La alianza femenina pronto se romperá tras una desgracia que se cuenta de forma excepcional. “Aquel fue el último día de mi infancia”, asegura Caithleen en la última línea del capítulo.

Luego vendrá el internado de monjas al que va junto con su amiga y vecina Baba. Caithleen deberá sobrellevar durante esos años más privaciones, más soledad, la severidad sin sentido de las monjas  y la relación con Baba. La amistad entre Caithleen y Baba es uno de los temas centrales de la novela. Una relación ambivalente y compleja, plagada de celos, hostilidades y conservada más por necesidad que cariño.

En la última parte del libro, Caithleen y Baba se instalan en Dublín. Ya con dieciocho años, liberadas de sus padres y de las monjas, y fascinadas con esa nueva libertad y la vida efervescente de la capital, comienzan una vida que el párroco de la iglesia de Tuamgraney  evidentemente juzgó inmoral.

Edna O’Brien escribió Las chicas de campo en menos de un mes, y es que la historia, si bien es inventada, es también, en gran medida, autobiográfica. Según O’Brien la novela se escribió sola, porque estaba esperando ser contada. La narración es ágil, tiene mucho diálogo y el interés se mantiene constante hasta el final. Con un estilo sencillo y directo, Edna O’Brien logra mostrar los múltiples aspectos que cohabitan en el ser humano. Milan Kundera dice en El arte de la novela: “El espíritu de la novela es el espíritu de la complejidad. Cada novela dice al lector: « Las cosas son más complicadas de lo que tú crees»”. Edna O’Brien lo demuestra sobradamente en Las chicas de campo.

La traducción de Regina López Muñoz abunda en construcciones y palabras muy españolas, pero a pesar del extrañamiento que nos produce a los lationamericanos, la lectura de la novela se disfruta y no deja de percibirse su inconfundible sabor irlandés.

 


Edna O'Brien

Edna O’Brien 1974

Edna O’ Brien era la hija menor en una típica familia irlandesa de una pequeña localidad cercana a Limerick. Al terminar el colegio fue a estudiar Farmacia a Dublín. Tenía 23 años cuando conoció al escritor Ernest Gébler de casi 40. Se deslumbró. Quedó embarazada y se escapó con él. Se casaron, tuvieron dos hijos y más tarde se fueron a vivir a Londres. Edna tardó años en reconciliarse con sus padres. El matrimonio, sin embargo, fue un desastre y se separaron tras el éxito de Las chicas de campo. A partir de ese primer libro (que después, con La chica de ojos verdes y Chicas felizmente casadas se convertiría en una trilogía), Edna no dejó de escribir.

Edna O’Brien, en su larga carrera que ya lleva casi sesenta años, escribió novela, cuento, poesía, algunas biografías, teatro y también varios guiones de cine. Se hizo conocida por sus historias de mujeres y su defensa de la independencia de la mujer. Es por ello, por el contenido sexual de sus libros, por sus desacuerdos con la iglesia, por sus opiniones polémicas, que se la catalogó como una escritora escandalosa.  O’Brien sigue viviendo en Londres y asegura que es escritora gracias a que se fue de Irlanda. Necesitaba alejarse para sentirse libre y decir todo lo que quería decir. Sin embargo, Irlanda es un país que ama y es el escenario repetido en todos sus libros.

“Es un lugar que yo conozco. Yo conozco los sentimientos, conozco a la gente, las costumbres y los chismorreos, las sospechas y las desconfianzas que puede despertar un extraño. Irlanda es un gran lugar para situar historias y al mismo tiempo me encuentro bien viviendo fuera de Irlanda.”


Las chicas de campo / 300 pág. / ed. Errata Naturae

 

 

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