La íntima soledad del ser humano

Once tipos de soledad (1962) son once relatos de distintos personajes que cada día viven sus circunstancias con una íntima sensación de soledad. Una soledad trágica, misteriosa, ineludible. El chico nuevo en el colegio, la mujer joven próxima a casarse, el sargento implacable que jamás abandona su actuación, la mujer que visita a su marido cada domingo en el pabellón de tuberculosos, el perdedor nato que vive cada nueva derrota como una escena ya filmada de su propia existencia.

Yates escribe sobre la vida de personas comunes, pero su estilo no es nada común. Pinta a sus personajes, pincelada tras pincelada; los hace hablar, reaccionar, hasta que cobran vida y se vuelven completamente humanos y creíbles. Construye las escenas de manera que casi podemos verlas, con una fina sensibilidad, pero sin sentimentalismos y, cada tanto, pone la lupa en esa limitación, ese secreto tan bien guardado que se filtra, sin embargo, sin permiso, en las pupilas, en la súbita palidez o el movimiento torpe de su personaje.

En “El perdedor nato”, por ejemplo, un cuento perfecto, Walter aguarda el momento en que lo despedirán:

…”todavía tenía problemas de coordinación , aunque solo se le notaba en cosas menores como la dificultad en coordinar el sombrero, la billetera, las entradas del teatro y el cambio sin que su mujer tuviera que detenerse a esperarlo, o la tendencia a empujar con fuerza las puertas que decían « tire ». Ahí sentado en la oficina parecía, en todo caso, el retrato de la cordura y la eficiencia. Nadie hubiera podido imaginar que el frío sudor de la ansiedad se le colaba bajo la camisa o que los dedos de la mano izquierda, ocultos en el bolsillo, trituraban y desgarraban lentamente un sobre de fósforos hasta dejarlo hecho una pulpa húmeda de cartón.”

Walter, recién despedido, vuelve a casa con la determinación de no contárselo a su mujer hasta haber obtenido un nuevo empleo. ¿Podrá? Casado con la única mujer que “lo había hecho sentir más alto, más fuerte y más ancho de hombros”, Walter quisiera ser para ella el hombre fuerte y protector.

Yates va más allá de lo aparente en sus descripciones, en sus diálogos y en las situaciones que nunca son forzadas, sino que suceden con la mayor naturalidad. El detalle puesto en primer plano. El aislamiento, la desconexión, la desilusión y el fracaso.  Yates entra en el mundo privado de sus personajes con ternura y respeto y en esa forma lo transmite.

Para trasladar al español una obra tan sensible, era necesario el trabajo de una traductora a la altura y Esther Cross está sobradamente calificada para ello. Escritora a su vez, su traducción fluye naturalmente y es tan delicada como el original.

 


richard_yates

Cuando Richard Yates (1926-1992) murió, sus libros ya casi no se encontraban en las librerías, y a pesar de que su primera novela Revolutionary road (1961), traducida como Vía revolucionaria había sido elogiada por la crítica y por otros escritores, nunca había tenido éxito comercial. La tirada se agotó y no se volvió a imprimir.

Richard Yates nació en Yonkers, Nueva York.  Escribió siete novelas, dos libros de cuentos y algunos guiones de cine. Fue profesor de los talleres de escritura de varias universidades. Decía que era un lector lento y también un escritor lento; que necesitaba detenerse mucho en cada escena y reescribirla varias veces hasta quedar conforme. Eso es evidente en estos cuentos y es por esa calidad de su escritura que fue admirado por escritores como Tennesse Williams, Richard Ford o Raymond Carver.

Con el tiempo, los críticos y escritores fueron rescatándolo del olvido. En el 2008, Sam Mendes  llevó al cine su primer novela que en Argentina  apareció con el nombre de “Solo un sueño”. Una película bella y triste con grandes actuaciones de Kate Winslet y Leonardo Di Caprio. Naturalmente, tras el estreno, resurgió el interés en su obra y en el 2009, diecisiete años después de su muerte, Yates llegó al primer puesto en la lista de best sellers de The New York Times.

En este artículo de “El país”, Rosa Montero hace la  crítica de otra novela de Yates, Las hermanas Grimes, y reflexiona:

“Permaneció en el limbo de los olvidados hasta que, hace algunos años, los críticos comenzaron poco a poco a rescatarlo. Pero podrían no haberlo hecho; Yates y sus libros maravillosos podrían haberse perdido para siempre. Me pregunto cuántos grandes escritores estarán por ahí, flotando en la oscuridad de nuestra desmemoria.”

 

 

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