Hoy como ayer : Humboldt

La invención de la naturaleza (2016) de Andrea Wulf es la biografía de Alexander von Humboldt (1769-1859), un aventurero, hombre de ciencia y naturalista de origen prusiano. Un hombre fuera de serie, que en el siglo XIX, durante cinco años, recorrió buena parte de Sudamérica recolectando especies de plantas, insectos y rocas; midió la altura de volcanes y montañas; tomó la temperatura del aire y del agua; comparó todo lo que veía con lo que había aprendido y visto en Europa; y sacó conclusiones que hoy nos parecen obvias, pero que fueron hallazgos de un intelecto sin igual, que pudo relacionar todas sus experiencias y observaciones y llegar a conclusiones nuevas y originales respecto al mundo natural en que vivimos.

En 1799 se embarcó, junto con Aimé Bompland, en un viaje de exploración. Con el permiso del rey Carlos IV, salieron de  La Coruña, pasaron por Tenerife, llegaron a Venezuela, recorrieron los Llanos, navegaron durante seis meses por el río Orinoco en el medio de la selva, cruzaron los Andes y subieron a todos los volcanes cercanos a Quito. Antes de volver a Europa, pasaron por los Estados Unidos, donde Jefferson, en ese momento presidente, los recibió. A esa altura ya eran famosos en todo el mundo y a Jefferson le interesaba mucho la información que traía Humboldt. Tras cinco años, Humboldt y Bompland volvieron a  Europa cargados con baúles llenos de ejemplares —desconocidos hasta entonces por la ciencia—, de plantas, insectos y gran cantidad de cuadernos con anotaciones, mediciones y dibujos que Humboldt usaría luego para escribir numerosos libros en los que expuso sus conclusiones y teorías respecto de la naturaleza.

 

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Viaje a Sudamérica 1799-1804

 

En el siglo XVIII, se creía que la humanidad mejoraría la naturaleza, que el hombre venía a poner orden en el mundo. Humboldt dijo en cambio que el hombre debía comprender antes cómo funcionaban las fuerzas en la naturaleza. Fue el primero que habló  del cambio climático provocado por el hombre y sostuvo, en el 1800, que las técnicas agrícolas y la tala de árboles podían tener efectos devastadores en el ecosistema. Al escalar el volcán Chimborazo, en Ecuador, pudo observar que a medida que ascendían las especies de plantas cambiaban y se dio cuenta de que a las mismas altitudes, en todas partes del mundo, la vegetación era similar. Al llegar casi a la cima del volcán y mirar hacia abajo experimentó una suerte de epifanía, todo encajó de golpe en su cabeza y comprendió con la mente y el cuerpo que la naturaleza era una totalidad viva, un inmenso tejido vital y que todo en ella estaba interconectado. Esta era una noción absolutamente nueva que iba a transformar la forma de entender el mundo.

Mientras las ciencias cada vez se especializaban más y se aislaban unas de otras, él tuvo una visión totalizadora. “Todo es interacción y reciprocidad”, dijo. El estudio de la naturaleza debía ser, por lo tanto, interdisciplinario. Promovió la cooperación de los científicos del mundo para recabar datos y llegar juntos a nuevas conclusiones. Humboldt fue el primero en comprender el clima como un sistema de correlaciones entre la atmósfera, los océanos y las masas continentales, en donde el viento, las corrientes marinas y la elevación y densidad de la vegetación están en permanente interrelación. Estaba convencido de que a la naturaleza se la comprendía tanto con los datos, como con la imaginación y los sentidos, que para él eran fundamentales en la interpretación y comprensión del mundo.

 

En el libro hay infinidad de ilustraciones en blanco y negro y varias páginas de ilustraciones a color.

 

 

Humboldt también tenía intereses políticos y humanos. Estaba impresionado por el conocimiento de la naturaleza que tenían los indígenas. Sostenía que no había razas inferiores ni superiores. Condenó la esclavitud, pensaba que el colonialismo era inmoral y una de las causas principales de la destrucción del medioambiente. Sobre eso escribió también en sus cartas —que se publicaban en los diarios europeos— y en sus libros. Al conocer a Simón Bolivar en París, del que se hizo amigo, le inspiró deseos independentistas y de libertad. En Ensayo político sobre el Reino de la Nueva España y en Ensayo político sobre la Isla de Cuba criticó duramente la “barbarie europea” que había creado en América un mundo injusto. Debido a esas críticas, Humboldt después nunca obtuvo el permiso de Inglaterra para ir a la India, adonde quería ir para escalar y explorar la cordillera del Himalaya.

Pasaron muchos años antes de que Humboldt pudiera volver a hacer un viaje de investigación. El zar Nicolás I de Rusia lo invitó en 1829 y entonces, a sus sesenta años, hizo su última expedición al mundo natural; allí afianzó, confirmó y relacionó todos los datos obtenidos en las décadas anteriores. El viaje llevó seis meses. Cubrió, con un equipo de ayudantes, 16.000 km. en carretas a caballo, recorriendo la estepa siberiana, los Urales, el macizo de Altai y el mar Caspio. De vuelta en Berlín comenzó a escribir Cosmos, o ensayo de una descripción física del mundo, que sería su libro más influyente. Como abarcaba una gran variedad de temas contrató científicos de todas las especialidades y se encargaba de la supervisión general. Al primer volumen de Cosmos le siguieron cuatro más. Humboldt alcanzó a entregar el quinto volumen de Cosmos a su editor pocos días antes de morir, a la edad de ochenta y nueve años.

 

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Expedición rusa de 1829

 

Andrea Wulf describe los distintos lugares en que Humboldt vivió, París y Berlín sobretodo, y los lugares por los que viajó, durante los casi noventa años que abarcó su vida. Wulf además dedica varios capítulos de su libro a hombres, que influidos e inspirados por Humboldt, continuaron en su misma línea de trabajo, como Darwin, Marsh, Thoreau, Haeckel y Muir. El entusiasmo que irradiaba Humboldt era contagioso. Todo el que lo escuchaba quedaba deslumbrado por sus conocimientos y las experiencias que había vivido. En Berlín dio infinidad de conferencias de acceso libre a las que asistían tanto la familia real como criados, científicos, estudiantes y mujeres, que en esa época no tenían permitido el ingreso a las universidades. En suma, un personaje de la historia que hay que conocer y que es justo rescatar.

La titánica traducción del inglés es de una experimentada traductora de libros, María Luisa Rodríguez Tapia. Tarea titánica por la longitud del libro, el volumen de información, las referencias históricas, geográficas, científicas y las 160 páginas de notas, referencias, etc.

 


 

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Andrea Wulf (1972) nació en la India, creció en Alemania y vive actualmente en Londres. Estudió Filosofía en Alemania y siempre amó la naturaleza. Escribió cinco libros en total, aunque solo el de Humboldt se tradujo al español.

En esta larga entrevista de ABC cultural, Wulf habla de La invención de la naturaleza y de las ideas de Humboldt expuestas en el libro; de la pasión que Humboldt despertó en ella, al punto que fue tras sus pasos, viajó a las ciudades en que vivió y subió también ella al  Chimborazo, una experiencia que, dice, la hizo inmensamente feliz.

La envergadura de esta investigación, que le llevó a Wulf diez años de trabajo, queda en evidencia en las 160 páginas de notas, fuentes y bibliografía, índice analítico y agradecimientos que hay al final del libro. La cantidad de información que Wulf manejó es impresionante y su gran mérito es haber escrito un exhaustivo trabajo de investigación que se lee como una novela de aventuras.

 

1 comentario

  1. loro1960

    ¡Excelente libro y excelente reseña!

    Le gusta a 1 persona

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