La sabiduría de la novela

El espíritu de la novela es el espíritu de la complejidad, de la interrogación, dice Milán Kundera (1929) en El arte de la novela, y agrega:

“El hombre anhela un mundo en el que sea posible distinguir con claridad el bien del mal porque en él existe el deseo innato e indomable de juzgar antes que de comprender.”

Es en esta necesidad de separar entre lo bueno y lo malo, entre lo blanco y lo negro donde se revela la incapacidad del hombre de soportar “la relatividad esencial de las cosas humanas”. Y  es justamente esa complejidad del mundo la que la novela captura para quien quiera abrir los ojos y verla.

La sabiduría de la novela es la sabiduría de la incertidumbre. “Las grandes novelas siempre son más inteligentes que sus autores”, dice Kundera.  El hombre piensa y la verdad se le escapa, pero los grandes novelistas escuchan. Una buena novela es una exploración. La novela busca develar la incógnita del yo y de la vida y es enemiga acérrima del reduccionismo al que aspira la modernidad.

En el mundo de hoy todo tiende a la reducción: la vida del hombre se reduce a su función social, la vida social se reduce a la lucha política, el mundo se reduce a las grandes potencias. La unificación de la historia, la búsqueda de una única verdad, como toda reducción, es falaz y engañosa. Cada persona, cada pueblo, cada país tienen su historia y su verdad y unas no invalidan a las otras, sino que todas conviven y es bueno que así sea.

Al reducir una historia y eliminar sus detalles, sus nimiedades, herimos de muerte a la historia, porque en contra de la creencia popular, es allí donde está el sentido. Considero que cuanto más resumimos, más falseamos los hechos. Por eso los manuales escolares en su afán de resumir cuentan una historia inventada, de figuritas sin alma ni sangre, que no emocionan ni enseñan y que los niños olvidan apenas van al recreo.

Vladimir Nobokov (1899-1977) enseña en su Curso de literatura europea (una transcripción de sus clases en la Universidad de Cornell) una manera de leer a través del análisis de siete novelas clásicas. El buen lector, dice, es el “relector”, porque es en una segunda lectura donde uno puede apreciar todos los detalles. “Acaricien los detalles”, dice y aquí también él se opone a la reducción.

“Nada más molesto e injusto para un autor que empezar a leer, supongamos, Madame Bovary, con la idea preconcebida de que es una denuncia de la burguesía. Debemos tener siempre presente que la obra de arte es, invariablemente, la creación de un mundo nuevo, de manera que la primera tarea consiste en estudiar ese mundo nuevo con la mayor atención. abordándolo como algo absolutamente desconocido, sin conexión evidente con los mundos que ya conocemos”…

Las ideas preconcebidas aplastan la originalidad y la imaginación que un buen lector debe tener. Nobokov propone una lectura no para identificarse con los personajes de forma infantil, ni “para aprender a vivir”, como lo haría un adolescente, ni para hacer generalizaciones, como hacen los académicos, sino para estremecerse con el arte y con la emoción del autor ante la creación.

Dos voces diferentes y originales que coinciden en ver a la novela como el escenario donde, sin contar la realidad y aunque solo sea una invención, encontramos los secretos más profundos del hombre.

 

 

 

 

1 comentario

  1. Daniel

    Muy buen comentario. Orienta en lecturas y permite releer esas novelas clásicas de las que hablan Nabokov y Kundera desde otras perspectivas.

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s