Crónica de una fiesta en La Cumbre

El Filba Nacional en La Cumbre duró cuatro días, más su pre-lanzamiento en la ciudad de Córdoba. Imposible contar todo lo que pasó en esos cuatro días de puro disfrute.  La Cumbre, un pueblo chico enclavado en medio de una naturaleza exuberante, fue una gran elección para el festival, ya que aunó la belleza de sus paisajes con una programación excelente. Un combo completo. Se generó un clima festivo en todo el pueblo y la cercanía posibilitó ir caminando de una sede a la otra. Cierto que hubo algunas lloviznas aisladas, pero eso no impidió hacer los trayectos, ni afectó el entusiasmo de la gente.

En la mañana del primer día hubo talleres en el centro y por la tarde se hizo la inauguración formal en Sala Ocampo. Caminé desde mi hostería en el centro, rodeé el golf con sus árboles añosos y el club house en lo alto y al llegar a la av. Argentina pasé entre las viejas mansiones inglesas hasta llegar a la Sala Ocampo, con sus jardines en pendiente y una moderna construcción de piedra donde están expuestos de manera permanente los cuadros de Miguel Ocampo.

 

 

El invitado principal fue Juan Forn que abrió y cerró el festival, y dio un taller el segundo día. En su conferencia inaugural leyó “Como me hice viernes”, en donde cuenta el sinuoso camino que lo llevó hasta las ya famosas contratapas de los viernes. Sus comienzos, sus lecturas, sus influencias, su etapa de editor. Un texto que no tiene desperdicio.

 

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En su segundo día, los asistentes, que superaron ampliamente las expectativas, ya nos reconocíamos  en todas partes al encontrarnos en charlas, talleres, bares, caminatas; lo que dio lugar además a un intercambio muy cercano con los autores (alrededor de cuarenta). Las principales sedes fueron: la Sala Miguel Ocampo, El Paraíso (la casa museo de Manuel Mujica Láinez), la Sala Caraffa, el cine Berti, y el Bar literario “Vuelve a la vida”.

 

 

 

Juan Forn, en la Sala Caraffa, centro de la ciudad, dio el taller llamado “Los peligros del escritor” en el que contestó preguntas hechas previamente por los participantes. La nota  la dio Tununa Mercado con su pregunta noqueadora: “¿Yo quería saber, Juan, cómo te sentís al volver a La Cumbre, el escenario de tu primera novela Corazones, después de tantos años?” Juan se llenó los pulmones de aire para contestar, pero no fue suficiente.  Creo que él mismo no sabía que tenía tanta emoción guardada. Durante su infancia y adolescencia había pasado todos los veranos en la casa familiar de la Cumbre y ahora volvía, después de treinta años. Empezó a hablar, pero la garganta se le cerró y no pudo seguir. La sala entera se emocionó junto con él.

A la tarde se sucedieron varias mesas de autores. En una de ellas, se habló de lo monstruoso. Eugenia Almeida, contó una situación personal que impactó a todos. Volviendo de un congreso, al que había sido invitada, y ya en el subte rumbo al aeropuerto, sin paradas intermedias, empezó a sentirse mal, transpiraba. De pronto se dio cuenta que la gente la estaba mirando insistentemente. Se tocó la frente, pero ya no era su frente o no estaba en el lugar habitual. El botón de su camisa salió volando. Lo que había comido solo un rato antes le había producido una reacción alérgica descomunal. Al llegar al aeropuerto fue a la enfermería. No querían que viajara. ¡Pero ella necesitaba subirse a ese avión! ¡Tenía que volar! Se vio al espejo, con los ojitos al fondo de una cara monstruosa. La gente se abría a su paso. Nunca más se olvidaría de esa sensación. De sentirse monstruosa y de lo que generó en los demás.  Más allá de la desesperación del momento, confesó que la experiencia fue un gran aprendizaje.  “Pura ganancia”, dijo textual.

El sábado arrancó el filbita, pero yo asistí a una mañana de trabajo de editores locales y porteños, donde pude escuchar las dificultades que hoy tienen las editoriales pequeñas e independientes. Damián Ríos, de Blatt & Ríos, contó como a partir de la apertura de la importación, la distribuidora dejó de interesarse en sus libros. Finalmente en la editorial decidieron hacerse cargo de la distribución. Pero para quien no tiene los canales abiertos, la gestión es muy complicada. En definitiva, al distribuir los libros de manera directa no perdieron dinero, pero les es imposible llegar a tantos lugares como querrían. Hoy la venta fuerte es a través de Internet o en ferias, dijo.

 

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La tarde del sábado estaba programada en “El Paraíso”, la casa que fuera de Mujica Láinez en Cruz chica. El camino desde La Cumbre es un paseo de lomadas verdes muy cuidadas, con antiguos caserones a los lados. Como todavía era temprano, decidimos hacer la visita guiada de la casa.  Misteriosa Buenos Aires estaba presente en sus patios de mayólicas, en los dibujos colgados en las paredes, en las esculturas. La mujer que nos hizo de guía trabaja en la casa museo desde hace veinticinco años y es apasionada  por su historia. Nos contó muchas anécdotas mientras nos llevaba a través de las diferentes habitaciones. La mesa del comedor estaba puesta, como esperando a sus comensales, las paredes llenas de retratos de familia. Nos mostró los objetos tan preciados por Manucho, los innumerables libros de sus enormes bibliotecas, su departamento privado, su mesa de trabajo. Quedé alucinada.

Siete hectáreas de jardines, 700 metros de construcción. La casa museo estuvo a punto de cerrar porque con las entradas ya no podían mantenerla en funcionamiento. Finalmente, gracias a las gestiones del intendente Ovelar y de Ana Mujica, hija de Manucho, se logró, en estos días, que el Ministerio de Cultura de la Nación reconozca a La Cumbre como “poblado histórico”. Al fin llegarán los fondos para preservar “El Paraíso”.

Pronto empezaron las mesas de autores, las lecturas, en un salón que quedó demasiado chico. ¡Pero qué importaba! Había euforia en el ambiente: un día más de placer. Por la noche, varios autores leyeron en el Bar literario y hubo tirada de Tarot. Cuqui, artista cordobesa que escapa a toda clasificación, vestida de sacerdotisa con un traje verde chillón, maravilló a cada uno que se sentó a su mesa. Incluida yo.

El domingo de mañana hubo tiempo para recorrer los alrededores del pueblo y por la tarde más mesas, bitácoras y el cierre final de Juan Forn.

Entre los autores, además de los ya mencionados, estuvieron: María Teresa Andruetto, con treinta años de trayectoria en el campo de las letras y ganadora del premio Hans Christian Andersen 2012; Betina González, ganadora del premio Clarín de novela 2006 por Arte Menor y del premio Tusquets por Las poseídas en 2012; Silvio Mattoni, poeta, ensayista, profesor universitario y traductor de más de cincuenta libros; Eduardo Muslip, autor de Florentina y Plaza Irlanda; Leticia Obeid, artista destacada en el campo audiovisual y autora de Preparación para el amor y Frente perfil y llanura; Juan Sasturain, conocido periodista y novelista; Perla Suez, prolífica escritora cordobesa con numerosos premios en su haber; Mariano Quiróz, varias veces premiado y ganador del Premio Tusquets de novela 2017 por Una casa junto al tragadero, y muchos, muchos más.

2 comentarios

  1. Beatriz Vedoya

    Muy buena crónica! Me quedé con hambre de los discursos de Forn. Gracias Magdalena! Soy muy amiga de Ana tu hermana. Pequeña escritora q disfruta de escribir y poner los textos en Facebook para compartir con sus amigos. Bss.

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    1. Magdalena Solari

      Gracias, Beatriz!! Sí, sí, ya sé quién sos y sé que escribís por Ana. Te mando un beso!

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