Una vida exiliada

«Aparece Florentina. Lo que aparece es su recuerdo, porque mi abuela murió hace treinta años, pero si dijera sin más “recuerdo a mi abuela” la frase me sonaría escasa, incluso falsa, porque la imagen se presenta con mucha precisión, nitidez, actualidad.»

Así comienza Florentina (2017), una novela muy íntima en la que el recuerdo de la abuela muerta treinta años atrás se le impone al narrador cuando se despierta inusualmente a las seis de la mañana después de un viaje. Y al aparecerse así la abuela, también se le aparecen con toda claridad la familia de la niñez, la sala de la tía con su mobiliario completo, los tres chinos de porcelana, los doce tomos de Las mil y una noches y las Maravillas del Saber.

El recuerdo está centrado en la sala que abuela y nieto comparten en silencio. Un lugar alejado del escándalo de la cocina comedor que la familia prefiere para reunirse. Un exilio que comparten; ella sentada en el sofá como un adorno más de la sala y él sentado en el suelo, hojeando y leyendo las viejas enciclopedias de la biblioteca.

Florentina, ya anciana pero siempre erguida, muy delgada y con paso firme no pide permiso ni disculpas. Vive alternadamente con cada una de sus hijas y fastidia en todas partes con sus críticas, sus frases cortas y mordaces, siempre las mismas a lo largo de los años. Florentina vuelve terca a su niñez y juventud en Galicia, donde todo era mejor: los tomates, las vacas, el aire, hasta el fuego mismo de las hornallas, “el calor en Argentina calienta menos”, asegura. Mientras a su alrededor la vida fluye, Florentina se empecina en vivir en el pasado. Vive así setenta años de quejas y comparaciones.

Con apenas veinte años, los hermanos de Florentina la casan y la mandan a Buenos Aires.  Una boca menos que alimentar. La exilian para siempre, pero aunque ella no pueda elegir el lugar físico de su vida, sí, en su interior, donde nadie puede obligarla, elige rechazar el lugar de su exilio.

La voz del narrador analiza o más bien disecciona con fino humor las anécdotas de la abuela, el hartazgo de la parentela, las costumbres peculiares y las incongruencias de la familia. Un humor no corrosivo, sino amable, delicado, que se despliega diestramente en una narración sólida, sin quiebres y consistente hasta el final.

Más allá de las sonrisas y alguna risa que pueda generar la lectura, hay un fondo de tristeza por una vida sufrida con empecinamiento. Después de treinta años de ausencia y olvido, el recuerdo de Florentina aparece y se transforma en una especie de reivindicación y justicia por ella y tantos otros que no pudieron elegir su vida.


 

descarga-9Eduardo Muslip (1965) estudió Letras en la Universidad de Buenos Aires y se doctoró en Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Arizona. Actualmente vive en Buenos Aires. Es docente y da talleres de lectura y escritura. Escribe cuento y novela. Muslip empezó a escribir después de terminar su carrera y hace años que viene dando que hablar. Un buen consejo es, si no lo hicieron ya, empezar a leerlo. Algunos de sus libros de relatos:  Examen de residencia (2000)Plaza Irlanda (2005),  Phoenix (2009), y algunas novelas: Hojas de la noche (1996), Avión (2015).

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