Justicia para Camus

En uno de sus tantos viajes a Praga, el escritor italiano Giovanni Catelli entró en una librería. Al revisar los anaqueles, encontró un voluminoso libro blanco. Era el libro de memorias de un escritor, poeta y traductor checo llamado Jan Zábrana. Giovanni había leído sus poemas y no dudó en comprarlo. Más tarde, en la comodidad de su habitación, frente al Moldava, empezó a hojearlo y leyendo un poco aquí un poco allá, dio con un párrafo que le llamó poderosamente la atención. Allí se hablaba de un accidente que no había sido en verdad un accidente: el de Albert Camus. Ese fue el principio y lo que dio origen a la investigación que más tarde comenzó Giovanni al proponerse averiguar si eso que había leído tenía un fundamento verdadero, y que culminaría finalmente con la publicación de Camus deve morire en Italia, en el 2013. A fines del año pasado, el libro se tradujo al español y fue publicado por la editorial Bärenhaus.

La hipótesis de Camus debe morir es que el auto en el que  viajaba Camus fue saboteado por la KGB. Si bien no hay pruebas concluyentes que lo corroboren, Giovanni analiza los hechos, descubre indicios y aporta múltiples razones por las cuales Camus  podría haber sido el blanco de un atentado. Camus tenía muchos enemigos por sus opiniones políticas que no callaba, sino que proclamaba a viva voz. Fue un intelectual combativo en los tiempos de la guerra fría, cuando los asesinatos políticos eran moneda corriente.  La KGB asesinó a muchos enemigos del régimen en el extranjero, y aunque siempre lo hizo de manera que parecieran muertes accidentales, algunos ex agentes rusos revelaron más tarde los métodos utilizados en muchos de esos “accidentes”. No es descabellado entonces creer en la versión que Zábrana detalla en sus memorias.

 

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Giovanni Catelli – Pablo Ingberg

 

A fines de abril, Giovanni Catelli estuvo de visita en Buenos Aires para la presentación formal de Camus debe morir que hizo junto a su traductor, Pablo Ingberg. Fue en esa oportunidad que pudimos conversar un poco sobre el entorno de su investigación y el mundo de la Europa del Este que tanto conoce.

Giovanni: ¿Cómo nace tu interés en la Europa del Este?

Fue en un viaje  no programado. Tuvimos que hacer escala en Praga, con mi padre, por un problema de la línea aérea en que viajábamos. Mi padre era muy viajero y siempre me había dicho que Praga era una de sus ciudades favoritas. Era de noche y tomamos un taxi con el que recorrimos una ciudad vacía que me enamoró totalmente. Después de esa primera experiencia volví varias veces y fui dándome cuenta que la Europa del Este tenía una atmósfera completamente distinta al Oeste. En mi primera visita, en el ’86, Praga todavía estaba bajo el poder de la Unión Soviética. La segunda vez que fui, ya había caído el Muro de Berlín. Me enamoré de ese mundo. Era muy distinto entonces, era como volver atrás unos treinta o cuarenta años. Tenía una atmósfera mágica: había una gran cultura, y tanta literatura, tanta historia. Primero conocí Checoslovaquia y después fui visitando otros países, porque un amigo que estudió ruso se fue a vivir a Ucrania, y como él tenía que viajar por su trabajo, yo empecé a viajar mucho con él, y así empecé a hablar el ruso, el checo. Fue el destino, fue la suerte.

¿Así que fuiste testigo de toda esa transición?

Sí, los años noventa fueron años interesantísimos, porque fue un momento de transformación. Hoy esos países son más parecidos a Occidente y esa atmósfera mágica se perdió. Había entonces un mito sobre la Unión Soviética y mucha gente veía el Este como un mundo mejor. A mí me interesaba lo social, lo político, la geografía; las ciudades, sus arquitecturas. Al estar ahí pude ver y entender como funcionó el sistema socialista, con lo que tuvo de bueno y de malo. Allí entendí muchas cosas que desde lejos son difíciles de comprender. Los países como Polonia, la República Checa, Eslovaquia tienen una cultura más cercana a Occidente, es la Europa central. La ex- Unión Soviética: Ucrania, Bielorrusia y Rusia son algo completamente diferente. Uno necesita estar allí mucho tiempo para empezar a entender el tipo de lógica que tienen.

¿Cómo es hoy en día la relación entre la Europa Occidental con la Europa del Este?

Bueno, Europa del Este siempre ejerció una suerte de fascinación sobre Occidente, lo que lleva allí a muchos turistas y  hay también una nostalgia de la Unión Soviética. Hay gente a la que le gusta vivir en el pasado. Algunos países se acercan más a la cosmovisión de Occidente y otros están más alejados. La gente en Europa no conoce exactamente las fronteras y piensa que es todo más o menos igual. Y no es así. Después de la implosión de la Unión Soviética, ocurrieron muchas cosas, se generaron tensiones y Moscú siempre trató de volver atrás. Hay un deseo de conquistar nuevamente países como Bielorrusia, Ucrania. Un país que siempre está en riesgo de caer bajo el poder ruso es Bielorrusia.

Y esa falta de libertad que sufrieron durante tantos años, ¿los sigue afectando actualmente?

En realidad ahora son otros los problemas. El capitalismo llegó a esos países de una manera muy brutal y llevó a la sociedad hacia un gran materialismo. Se tomaron los peores valores occidentales y se olvidaron 75 años de socialismo. Hay países que están dominados por mafias y el Estado es una de ellas. Los domina el materialismo y el deseo de dinero. Es muy triste. Antiguamente la gente leía mucho. Todo empeoró en el campo de la cultura. Se tomó lo peor del capitalismo. Los países de Europa central como Polonia, la República Checa conservan un buen nivel cultural, son países que siempre tuvieron intelectuales de gran calidad.

¿Y cómo es el escenario literario en el Este?

Es extraño, pero a veces los tiempos difíciles generan grandes escritores, grandes filósofos y en cambio los tiempos de paz no siempre son tan favorables. Pero yo creo que en toda Europa hay una pequeña crisis de calidad en la literatura; en parte porque las editoriales hoy solo quieren publicar lo que les da dinero, entonces los libros más experimentales, más difíciles se terminan publicando en editoriales chicas que no tienen dinero para la promoción y eso destroza la calidad literaria. Pero bueno, este es un mal que sucede en todas partes.

¿Pero creés que hemos avanzado en el campo de las libertades individuales?

No tanto, ahora tenemos un capitalismo universal y el problema es el control sobre los medios que siempre es más sutil y más profundo. Yo escribo en un sitio independiente, el East Journal, pero no hay muchos así. Otros toman auxilios monetarios y después no pueden hablar con libertad. La libertad del individuo, la libertad política, la libertad intelectual está siempre amenazada y hay que tener mucho cuidado porque es muy fácil perder cosas que parecían adquiridas y sólidas.

Volviendo a Camus, ¿por qué pensás que hoy puede tener interés tu libro?

Porque quiere ser un acto de justicia. Además, mientras investigaba, descubrí un mundo: historias muy interesantes, tan novelescas que merecían ser contadas. Vidas perdidas en medio de la lucha política de las potencias y que no se deben olvidar.  La vida de Jan Zábrana, por ejemplo, él y su familia siempre vivieron bajo el control del sistema. En esa época, si no estabas alineado, no era fácil vivir. Los primeros años, los años veinte, fueron años muy buenos para la cultura, pero después fue trágico. Mataron a muchos escritores o no los dejaban escribir.  Con Stalin y también con Jruschov. Él fue el responsable de la humillación pública a Pasternak, que se vio obligado a rechazar el Premio Nobel que le habían dado en 1958. Durante la Primavera de Praga, Jan Zábrana pudo traducir Doctor Zhivago, pero ese período fue breve y no alcanzó. Las tropas soviéticas invadieron Checoslovaquia, y Zábrana nunca llegó a ver su traducción publicada. Recién en 1990 la viuda de Zábrana logró su publicación y dos años más tarde también logró que se publicara Toda una vida. Son más de mil páginas en las que Zábrana cuenta su vida en Checoslovaquia, y que yo compré aquel día en Praga.

¿Y por qué creés que algunos rechazan la hipótesis del atentado a Camus?

No son muchos, pero los que la rechazan lo hacen por razones ideológicas. El biógrafo de Camus, por ejemplo, Herbert Lottman, estaba abierto a esa posibilidad. En cambio, Olivier Todd, que escribió también una biografía de Camus, simpatiza con Moscú y la ideología socialista y por eso él creyó que el libro se había escrito para atacar a Moscú y por razones políticas. Pero eso no es así, este no es un libro político, es solo un libro que busca justicia para Camus.

 

 

 

1 comentario

  1. Luis Fdo Pertuz Lovera.

    Excelente.

    Me gusta

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