La contienda

Hay cuatro personajes en esta historia y un juego de semejantes y opuestos. Pearson, un pastor evangélico, viaja con su hija Leni por una ruta desierta rumbo al Chaco, hasta que un desperfecto mecánico los deja varados en el camino. Un lugareño los remolca hasta el taller del gringo Brauer que, además de trabajar, vive allí  con Tapioca, su ayudante, al que ha criado desde chico.

Pearson y Brauer son dos hombres solos que puestos ante situaciones similares han actuado de maneras muy distintas. Dos personajes antagónicos. Un hombre de Cristo, que antepone la fé por sobre cualquier otra cosa, frente a un hombre menos educado, pero más humano. Dos maneras de ver la vida y una pretensión que desatará una contienda entre ellos.

Leni y Tapioca, por otro lado, son dos adolescentes que se han criado sin madre, que han crecido en condiciones totalmente diferentes, pero con la misma soledad interior.

El lugar, junto a la ruta y apartado del pueblo, está lleno de chatarra, de autos viejos a medio desarmar. En ese paisaje desolado la fuerza de la naturaleza se siente en el cuerpo. El calor es agobiante, el viento no refresca, solo levanta la tierra suelta que es mucha por la sequía. Pero eso está por terminar. La tormenta se avecina y los perros la huelen en el aire.

Esta es una novela de los sentidos y es también una novela de encierro,  porque en medio de la nada los personajes se encierran en sí mismos. Brauer y Tapioca viven  permanentemente aislados. Pearson y Leni, en oposición, con su constante movimiento de pueblo en pueblo, con su vida nómada de auto y hotel, viven también en soledad.

El viento que arrasa es una novela corta que transcurre en un día. Los capítulos son breves y con mucho diálogo. Cada capítulo se focaliza en uno de los personajes que recuerda momentos clave de su vida. Las heridas permanecen abiertas y los definen.  Las voces son naturales y convincentes. Hay un excelente manejo del tiempo y el espacio. Una dosificación exacta que hace avanzar la acción a buen ritmo, hacia un final inesperado.

Con un sabor a literatura sureña norteamericana: la ruta, los viajes a través de caminos desiertos, el fanatismo religioso, la novela de Almada logra unidad y complejidad al mismo tiempo. Una aparente simplicidad que da origen a distintas líneas o capas para explorar a través de una escritura sólida, madura, decantada.

 


selva-perfil

Nacida en Entre Ríos, Argentina (1973), Selva Almada se hizo conocida con El viento que arrasa (2012), su primera novela, que fue elegida como la novela del año por el suplemento cultural Ñ, del diario Clarín, y que también recibió el Premio de Eterna Cadencia al Libro del Año.

Además, Almada publicó el libro de poemas Mal de muñecas (2003); tres libros de relatos: Niños (2005), Una chica de provincia (2007) y El desapego es una manera de querernos (2015);  una segunda novela, Ladrilleros (2013), y dos libros de no ficción: Chicas muertas (2014), sobre tres femicidios ocurridos en los ochenta, y El mono en el remolino: Notas sobre el rodaje de Zama, de Lucrecia Martel.  Selva Almada ya fue traducida al francés, italiano, portugués, alemán, sueco y holandés.


El viento que arrasa / 160 pág / Ed. Mardulce

 

 

1 comentario

  1. Beatriz Vedoya de Berasategui

    Leí El viento que arrasa y me pareció Excelente. Sencillo y profundo y un argumento nada trillado.

    Le gusta a 1 persona

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