Literaturas poscoloniales

Las literaturas poscoloniales emergen de la experiencia común de dominación que sufrieron las ex colonias. Aunque el término poscolonial engloba literaturas muy diferentes, los teóricos  plantean que  hay características comunes en todas ellas, que tienen que ver con las estructuras de poder, con la dinámica entre el poder imperial y la ex colonia, con la tensión entre centro y periferia y la hegemonía cultural eurocéntrica.

En el ensayo Orientalismo (1997), Edward Said, uno de los principales teóricos del poscolonialismo, hace un profundo análisis del discurso occidental respecto de las colonias. Critica duramente los estudios orientales u orientalismo, como se lo llamó entonces, y para ello transcribe discursos, cita párrafos de libros escritos por los más respetados orientalistas, desnudando los pre-conceptos, la manera en la que, desde afuera, el europeo creó un concepto rígido e inamovible del Oriente (Cuando Said habla de Oriente se refiere a Medio Oriente).

El europeo construye una visión del “otro” con la que justifica la necesidad de su dominación. Moldea la imagen de un “Ellos” en oposición a un “Nosotros”. Una visión basada en el prejuicio, el estereotipo y el desconocimiento. Por eso el orientalismo como disciplina tiene más que ver con Europa que con Oriente. El orientalismo representa para Said el fracaso de Europa en conocer el Oriente.

En el libro El imperio contraescribe (1989), los australianos Ashcroft, Griffiths y Tiffin definen a la literatura poscolonial como aquella literatura de las ex colonias o de escritores oriundos de las ex colonias (muchos de ellos radicados en Europa) en la que está presente esa tensión entre el imperio y la ex-colonia. Allí se tratan los temas centrales de la experiencia colonial: las migraciones, la crisis de la propia imagen que ese desplazamiento produce, la alienación,  la esclavitud, la denigración cultural de los nativos.

La lengua impuesta por el poder imperial no se ajusta a la realidad de la colonia. Esa lengua no puede describir su geografía, su clima, sus estaciones, su fauna, su cultura. Entonces surge la necesidad de apropiarse de esa lengua para expresar su “otredad” de una forma positiva. Surge la necesidad de encontrar una voz, una identidad propia. Así, el poscolonialismo puede considerarse como la respuesta de las ex colonias (americanas, asiáticas, africanas) a la Europa colonialista.

Ya Sarmiento reclamaba en su tiempo el derecho de convertir el español recibido de España en rioplatense. Borges, por su parte, se apropia de historias europeas que recrea,  desplazándolas a un contexto americano, con un lenguaje netamente argentino. Tal es el caso de los relatos de Historia universal de la infamia que toma de La Enciclopedia Británica y distorsiona con total irreverencia, con un modus operandus que repetirá en los cuentos de Ficciones y El Aleph.

Juan José Saer en El entenado (1982) escribe la crónica de un adolescente expedicionario que en el siglo XVI es capturado por los indios colastiné y vive durante diez años con ellos. Cuando lo liberan, vuelve a España. Ya anciano escribe sobre esos años vividos con la tribu. Una experiencia que lo marca y lo hará reflexionar siempre sobre la vida entre los indios y el mundo supuestamente civilizado de Europa.

En su novela El ancho mar de los Sargazos (1966)Jean Rhys  (1890-1979), escritora dominica, toma la novela de Charlotte Brontë, Jane Eyre, en la que Rochester parece ser víctima de un matrimonio impuesto con una mujer de las Antillas. En la novela de Brontë la mujer, totalmente desquiciada, vive oculta en el altillo y es la pesadilla de Rochester y lo que le impide casarse con la bondadosa Jane. En su novela, Rhys reconstruye la vida de esa mujer en la colonia y de su matrimonio con Rochester. Rhys subvierte las supuestos de la novela inglesa y le da voz a la creole silenciada. Con ese cambio de perspectiva todo cambia y la víctima pasa a ser el victimario.

En La flor púrpura de la nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie, Eugene se esfuerza por vivir según las normas de la Iglesia católica y de la cultura inglesa. Eugene está convencido de la superioridad europea y por eso desprecia sus propios orígenes y la cultura de sus ancestros. En Fuera de lugar, Said cuenta su infancia y adolescencia en Egipto, en donde su padre, un exitoso comerciante palestino, quiso por todos los medios hacerlo encajar en la sociedad occidental, enviándolo a un colegio inglés en la primaria, a uno estadounidense en la secundaria, y a una de las mejores universidades de los Estados Unidos después, haciéndolo sentir siempre, en definitiva, fuera de lugar.

El desplazamiento, la  búsqueda permanente de una identidad propia, el diálogo entre culturas donde se manifiesta una relación desigual son las características propias de la literatura poscolonial.

 

 

 

 

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