Eugenio López Arriazu / Traductor y co-fundador de Dedalus Editores

Eugenio López Arriazu es uno de los tres fundadores de Dedalus Editores, una editorial independiente que tiene la particularidad de haber sido fundada por traductores con la idea de ser una editorial de traducciones. Eugenio es profesor de inglés egresado del Joaquín V. González, Licenciado en Letras de la UBA, Doctor en Letras también de la UBA, especializado en Literaturas Eslavas y en Literatura Inglesa; Profesor de la Diplomatura de Ciencias del Lenguaje; traduce del inglés, del francés, del ruso y hasta se animó con el búlgaro y no sigo porque su currículum es interminable.

En el 2005 se embarcó junto con Ignacio Rodriguez y Ariel Shalom en el proyecto de la editorial que al día de hoy tiene un catálogo muy interesante: una biblioteca bilingüe de clásicos en la que hay obras de Apollinaire, Scott Fitzgerald, Maupassant, Rabelais, Tennyson, Yeats; una de ciencias humanas donde se destacan autores como Marc Augé, uno de los antropólogos actuales más importantes, que desarrolló el concepto de la “sobremodernidad” y los “no-lugares”, el filósofo y traductor Antoine Berman, un referente de la teoría de la traducción moderna; una biblioteca contemporánea en la que hay cuento, poesía, teatro de autores muy conocidos en sus respectivos países pero que no habían sido hasta ahora traducidos al español y un par de libros difíciles de catalogar para los que se creó la categoría de “Raros”.

Para empezar, Eugenio, ¿cómo surgió la idea de la editorial?

Siempre me gustó el área. Mientras estaba haciendo el profesorado de inglés sacamos con algunos compañeros una revista para profesores de inglés. Eso cumplió su ciclo, y después, estando en la facultad, nos encargaron una revista de la Alliance; eramos un grupo grande y ahí estreché amistad con quienes ahora son mis socios y decidimos poner la editorial.

¿Desde el principio tenían una idea clara de lo que querían?

Sí, lo tuvimos bastante claro desde el comienzo. Empezamos con dos colecciones: la biblioteca bilingue y la de ciencias humanas. Hace unos años incorporamos la biblioteca contemporánea y ahora estamos por sacar una cuarta colección de clásicos (no bilingüe). La idea siempre fue trabajar con traducciones. Si bien acabamos de publicar un libro de ensayos de un sociólogo argentino, Daniel Mundo, y también hay un libro mío sobre Pushkin, el noventa y nueve por ciento de nuestro catálogo es de traducciones.

Fue bastante ambicioso, ¿no? Empezar con una biblioteca bilingüe… Lo digo porque al poner juntos, original y traducción, algunos lectores podrían ponerse a juzgar si está bien o si está mal sin saber, probablemente, nada de traducción.

No pensamos en eso. Lo pensamos más bien para aquellos que empiezan a leer en otros idiomas y todavía les falta vocabulario o estructura; para que puedan leer el original ayudándose con una traducción, más que con un diccionario. Eso por un lado, y, por otro, pensando en que  la traducción también pudiera leerse por sí misma.

Lo que decís es una preocupación que tienen muchos traductores, pero en realidad es al revés. Un lector que no conoce el original y lee solo la traducción puede pensar que ciertas cosas son falla del traductor, como cuestiones de estilo o algo que suene medio duro, y por eso cuando la traducción está sola el traductor tiende a pulirlo para que quede bien. Pero en una edición bilingüe eso ya no tiene sentido, porque el que lee puede ver que  el original es así. Cuando desaparece el original y queda solo la traducción, me parece que ese problema adquiere más relieve.

Lo planteaba un poco por la gente que cree que una buena traducción tiene que ser literal y no sabe que también hay otros aspectos importantes.

Sí, en una primera aproximación a la traducción no se es muy consciente de un montón de problemas de calcos o cuestiones de funcionamiento dentro de la lengua de destino que el traductor tiene que atender. Históricamente, desde Schleiermacher, se planteó esta dicotomía que sigue hasta el día de hoy, de si voy a llevar el original al lector o el lector al original. Esa dicotomía está planteada casi desde las primeras reflexiones sobre la traducción. Cuanto más literal y apegado al original soy, estoy tratando de llevar el original al lector. En una traducción que es dura, agramatical, si alguien tiene la posibilidad de acceder al original y utilizar esta traducción como herramienta bilingüe le puede servir más quizás que una traducción libre.

La otra posibilidad es hacerlo bien ameno para que el lector lea con placer, más allá de las correcciones que tenga que hacer, y ahí empiezan a funcionar otras estrategias que tienen que ver con cómo yo supongo que lee una persona y cómo funciona mi idioma, empiezan a jugar cuestiones que tienen que ver con la aclimatación, la transculturación. Dentro de esas dos posiciones que siempre van a estar lo que es interesante es ver qué mediación histórica hay; si hay épocas que prefieren un tipo de traducción y épocas que prefieren otra, qué factores están midiendo eso. Y esto tiene que ver con las hipótesis de Even Zohar, para ir más allá de la voluntad del traductor y pensarlo en términos más sociológicos.

¿Creés que la teoría ayuda en la práctica de la traducción? 

Sí, lo que pasa es que no es una ayuda directa. La teoría no es un manual de instrucciones, pero te obliga a reflexionar sobre tu tarea y en algún momento eso incide en la práctica. No está desligado. De hecho todos los teóricos de la traducción son traductores (lo que no sucede con los teóricos de la literatura, que no necesariamente son escritores).

¿Y si tuvieras que darme tu propia teoría de la traducción? ¿Cuál sería para vos la traducción ideal?

Para mí es una traducción que logre un balance entre lo que para mí tiene que ver con el contenido que está vehiculizado por cierta forma. La traducción para mí tiene que ser de forma y contenido al mismo tiempo. No se pueden separar. Muchas veces el contenido tiene que ver con la forma y el tema es conseguir ese balance sin llegar a hacer una versión completamente libre.

Por ejemplo, yo en lo que es traducción de poesía creo que hay que traducir la forma, incluso antes que el contenido, pero tampoco me puedo olvidar del contenido. Puedo tomarme todas las libertades que quiera, en principio no hay límite, pero de acuerdo a las reglas del juego que me impongo yo mismo de tratar de tomarme las menos posibles.  Pero, bueno, esto dicho de una manera abstracta no se entiende. Habría que ver cuál es mi lectura de esa relación entre forma y contenido, cuál es mi lectura de cómo se vehiculiza, a qué le doy prioridad, un poco pensarlo como un proyecto de traducción y verlo en cada texto en particular.

Después, siempre hay algo que tiene que ver con la recepción, con cómo se lee acá. Yo cuando traduzco poesía métrica al español trato de observar ciertas cosas de la forma como la unidad del verso, la cantidad de sílabas, las rimas, pero en el interior del verso, si es yámbico o trocaico, eso ya no lo respeto, utilizo el verso silábico español. Quizás para un análisis de la obra original es más importante que sea yámbico que otros factores, pero evidentemente ahí estoy poniendo en primer plano algo de la recepción, de cómo funciona el verso en español. Lo que no me parece es traducir un verso de forma clásica a verso libre. Aunque tampoco está mal, porque alguien que traduce a verso libre me podría decir: bueno…, pero no sos coherente. Si vos te tomás libertades con el metro, ¿por qué yo no me puedo tomar libertades con las sílabas?

Tiene que ver con ese balance, con cierta forma que obviamente va a estar mediada culturalmente. Lo que sí, en el caso de la traducción literaria, el texto tiene que poder leerse estéticamente, tiene que tener efecto, eso para mí es prioritario. Subordinado a eso, puede haber un montón de estrategias de lo que Berman llama la letra y las libertades a las que nos incita Meschonnic. Después hay criterios. Obviamente esto es muy general, en la práctica aparecen las contradicciones. Y sí, cada vez más, estoy menos literalista; a pesar de que me gustan las traducciones más bien literales, que yo creo es la tendencia de hoy en día.

Y como editores, desde el vamos, nosotros favorecimos una traducción al voseo, una traducción rioplatense. No creemos en el español neutro. También depende un poco el género. En el teatro, en la poesía se traduce mucho con el “vos”. En los clásicos se trata más de “tú”. Tiene que ver también con una cuestión de diglosia nuestra.

¿Y ustedes exportan libros?

No exportamos mucho, pero hemos exportado algo a Chile, Colombia, España y Uruguay.

¿Y nunca se quejaron por el uso del “vos” en las traducciones?

No, ese es un argumento que te dan los que exportan que es absurdo. Me parece un argumento falaz que tiene que ver con un discurso hegemónico que no tiene ningún asidero en la práctica. Porque además, el castellano neutro es “el español” de España, sacándole el vosotros…, y sí, sacando algunas palabras muy locales, pero en literatura eso no funciona porque terminás achatando el texto. ¿Si alguien se quejó? No, porque de la misma manera en que cuando uno compra una traducción española, sabe que es española o si compra una mexicana, sabe que es mexicana, por más neutra que quiera ser uno se da cuenta, y la nuestra es argentina. Y la verdad es que nadie se fija en la traducción cuando la compra. La traducción le importa muy poco a la mayoría de la gente. Nadie se fija quién es el traductor. Eso es una cuestión que queda para los especialistas. Lo que importa es el autor, el título, si se va a vender o no y cómo está posicionado en el ranking. Después, si los derechos los tenés vos, te lo compran.

Y vos que tenés la experiencia de traducir desde idiomas diferentes: ¿notás alguna diferencia?, o en definitiva, una vez que uno obtiene el sentido, traducir de uno u otro idioma es lo mismo. 

Bueno, hay diferencias, la forma te puede plantear problemas en la traducción literaria. Yo por ejemplo traduje teatro de Yeats y no pude traducirlo en pentámetro yámbico. Ahí tenés un problema de forma, porque el inglés es muy sintético y no pude comprimirlo en español a las once sílabas o diez del inglés. En cambio del ruso, traduje el teatro de Pushkin que también está en pentámetro yámbico y como tiene palabras más largas, en promedio es bastante parecido al español, no tuve problemas.

Por último, ¿en qué medida son importantes para ustedes los eventos como la Feria de Editores, que es en dos semanas?

Son muy importantes, porque convocan mucho y te dan visibilidad. Hay gente que va a la Feria de Editores y no va a la Feria del Libro. El que va en busca de novedades, de algo más interesante, no tan comercial. Los stands en la Feria del Libro son carísimos. Este año tuvimos la suerte de estar en un stand en Barrio Nuevo, una sección de stands chicos en el pabellón amarillo en donde hace algunos años empezaron a darle gratis stands a las editoriales chicas. Pero si no es así (que no es todos los años ni está garantizado), la Feria del Libro es muy inaccesible para los editores independientes. Sumado a que dura tres semanas y hay que atenderlo y es un esfuerzo muy grande para las editoriales chicas. Con salir hecho, uno está agradecido.

 

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s