Desarraigo

Jhumpa Lahiri tenía treinta y dos años cuando escribió El intérprete del dolor y ganó el premio Pulitzer. ¡Quién podía imaginar al leer esos cuentos que se trataba de la opera prima de una autora tan joven! No me deja de sorprender la madurez de su escritura; el desarrollo pausado, el ritmo exacto, la riqueza de imágenes y sensaciones que Lahiri despliega con tanta soltura en estos relatos llenos de color, de olores, de texturas, de voces.

Son relatos de bengalíes en Estados Unidos y en la India. Una India pobre, pero vibrante, un Estados Unidos rico e indiferente. Historias de desarraigo, de soledad, de añoranza. De hombres que emigran para progresar, de mujeres que no pueden decidir, que están obligadas a seguir a sus maridos pero continúan usando sus saris de colores brillantes, cocinan sus platos típicos y procuran conservar sus tradiciones en el nuevo continente. Relatos sobre hijos de bengalíes, primera generación de estadounidenses entre dos culturas diametralmente opuestas y relatos sobre los que van de visita a la India y ya se han transformado en un híbrido, en personas que no encajan en ninguna parte, porque la vivencia del inmigrante solo la comprende en toda su complejidad otro inmigrante.

La parsimonia de Lahiri para contar no se traduce en lentitud ni en pesadez sino en abundancia. Describe las escenas con tanto detalle que las vemos con nuestros propios ojos. Cada cuento está lleno de historias y cada uno de sus personajes es un mundo. Lahiri transcribe las emociones con una habilidad prodigiosa.

En “Una anomalía temporal”, una semana de cortes de luz programados enfrenta a un matrimonio en crisis. Sin nada que hacer y en penumbras tendrán ocasión de confesarse algunas cosas importantes. En “El intérprete del dolor”, un hombre que trabaja de guía lleva a una pareja de turistas y a sus hijos a conocer un templo. La mujer se interesa en el guía cuando descubre que también trabaja como intérprete para un médico que tiene muchos pacientes yugaratíes.  Supone que un hombre que conoce los sufrimientos de la gente es alguien especial y capaz de ayudarla con un secreto que la atormenta. Sin embargo el guía, malinterpreta su interés y fantasea con otros motivos.

“En casa de la señora Sen” es un cuento triste y melancólico. La señora Sen cuida a un niño de once años mientras su madre  trabaja. Es una mujer de treinta años que ha llegado a los Estados Unidos poco tiempo atrás. Su marido es profesor y viven en el campus de la universidad. El cuento está narrado desde la óptica del chico que describe las horas pasadas junto a la señora Sen. Transcribo una escena:

Detrás del restaurante había una playa pequeña, y cuando acabaron de comer pasearon un rato por la orilla. Hacía tanto viento que tenían que caminar de espaldas. La señora Sen señaló el agua y dijo que en cierto momento cada ola parecía un sari secándose en una cuerda de tender.”¡Esto es imposible! —gritó por fin al darse la vuelta, riendo y con los ojos llororsos—. ¡No puedo moverme!” Decidió fotografiar a Eliot y al señor Sen, de pie en la arena. “Ahora una de nosotros dos”, dijo al mismo tiempo que abrazaba a Eliot contra su chaqueta a cuadros y le daba la cámara al señor Sen. Por último, le dieron la cámara a Eliot. “Sujétala bien!”, gritó el señor Sen. Eliot miró por el pequeño visor de la cámara y esperó que el señor Sen y la señora Sen se acercaran más el uno al otro, pero no lo hicieron. No se dieron la mano, ni siquiera se abrazaron por la cintura. Ambos sonreían sin despegar los labios, con los ojos entornados contra el viento, mientras el sari rojo de la señora Sen se agitaba como las llamas del fuego bajo su chaqueta.

Los nueve cuentos del libro son muy parejos en cuanto al estilo, la extensión y los temas. Puedo decir que todos me gustaron. Alguno más que otro, pero todos tienen una gran calidad narrativa. La traducción de Gemma Rovira Ortega, una experimentada traductora española, es muy buena y la lectura se disfruta.


 

Jhumpa Lahiri Rome Italy 2013

Jhumpa Lahiri (1967) nació en el Reino Unido, pero vivió casi toda su vida (desde los dos años) en Nueva Inglaterra, Estados Unidos. Los veranos los pasaba con su familia en Calcuta. Después del éxito inmediato que obtuvo con El intérprete del dolor (traducido a veintinueve idiomas) escribió tres novelas: El buen nombre (2003), convertido en film en el 2006, Tierra desacostumbrada (2008) y La hondonada (2013).

Pero llegó un momento en que Lahiri sintió una presión insoportable. “No quiero escribir para complacer a nadie”, dijo. Ya no quiso contar más historias de bengalíes. Quería ser dueña de su vida, así que resignó el éxito que había cosechado y se reinventó. Se fue a vivir a Italia con su marido, un periodista neoyorquino de origen guatemalteco, y sus dos pequeños hijos estadounidenses y desde hace cinco años vive en Roma. Ahora escribe en italiano. In altre parole (En otras palabras), no traducido al español por el momento, podría clasificarse en parte como unas memorias y en parte como un ensayo sobre la lengua. Hoy Lahiri vive sobretodo de las clases que da.

 

 

 

1 comentario

  1. Qué interesante, Magdalena, no conocía a esta autora. La apunto a mi lista de lectura, sin dudarlo, gracias por esta entrada.

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