La cotidianidad de la vida

Muchos dicen que Todos nuestros ayeres es la mejor novela de Natalia Ginzburg; y es que en ella se conjugan una buena historia con personajes que cobran vida y ya nunca mueren, infinidad de frases para enmarcar y una manera de contar prodigiosa.

Todos nuestros ayeres es la historia de una familia burguesa italiana durante la Segunda Guerra Mundial. Pero no es la historia de los que van a la guerra, sino de los que quedan en casa y esperan. De los que abandonan las ciudades para alejarse de los bombardeos y se refugian en los campos y los pueblos de la montaña. Es la guerra desde la perspectiva de los chicos, de las mujeres, las criadas, los campesinos y los viejos.

En esta familia, la madre ha muerto poco después de nacer su última hija y el padre, un abogado antifascista, escribe y re-escribe durante años un libro de memorias que nunca publicará. Muere tempranamente dejando a Ippolito, Concettina, Giustino y Anna a cargo de una vieja empleada de la familia, la señora Maria, que es uno de los personajes más logrados, junto con Cenzo Rena, un antiguo amigo del padre con el que este se pelea para siempre cuando un día le dice que su libro no tiene sustancia. Sin embargo, tras la muerte del padre, Cenzo Rena será una figura protectora para todos lo que lo rodean, a pesar de su carácter explosivo y las frases hirientes con las que sabe cosechar enemigos.

La guerra es la amenaza constante y se vive la angustia, la preocupación general, la incertidumbre, la escasez, y las muertes, que suceden, generalmente, en otra parte; pero el tiempo no se detiene y los hermanos crecen, algunos se casan y la vida los va separando.

A Natalia Ginzburg solo le llevó unos meses escribir esta novela que parece haber sido escrita de una sentada, porque la narración comienza y fluye sin vacilaciones ni quiebres con un estilo sólido y constante desde el principio hasta el final, y en ella logra con una claridad admirable retratar la manera de ser y el espíritu italiano. Un espíritu que es sufrido, pero no torturado al estilo alemán. Es humano, pero no hace interpretaciones psicológicas. Es espontáneo, caprichoso, apasionado, cambiante y también risueño, porque si hay algo que sabe hacer el italiano es encontrarle la gracia hasta a las mayores desgracias, y quizás de allí surja su notable resiliencia.

Natalia Ginzburg narra esta novela como quien le cuenta una historia a un chico, aunque intercale a cada momento frases en las que revela un  gran conocimiento de la vida y de las personas. Los detalles, las pequeñas cosas toman en su narrativa el lugar que en verdad tienen, porque de pequeñas cosas está hecha la vida. Los personajes, arrojados a la existencia, viven simplemente, cada uno como puede. Cada mañana sale el sol y hay que levantarse. Esa es la cotidianidad de la vida. Y a veces, también, suceden cosas trascendentes; y nos impactan y las digerimos, y el día desplaza a la noche… como siempre.

La escritura de Ginzburg es ligera y profunda a la vez. Tiene un estilo muy original, muy fluido, casi oral, muy narrado, incluso los diálogos se narran. En las oraciones, larguísimas, se van acumulando una tras otra las cosas que pasan, las conversaciones, las confidencias que se hacen unos a otros, las descripciones, las acotaciones del narrador y uno tiene la sensación de ir siempre corriendo detrás de la oración que sigue y sigue… hasta que termina; y sin darnos cuenta pasamos a la siguiente, porque nunca hay un punto y aparte y nos embarcamos otra vez en una secuencia interminable de cosas. Y como, por otro lado, los capítulos son cortos, cuando se termina uno, seguimos con el siguiente, y después con uno más, y uno más, y así seguimos y seguimos y las páginas vuelan.

La traducción es de Carmen Martín Gaite (1925-2000), una prolífica escritora española reconocida como una de las grandes figuras de las letras hispánicas. Escribió novela, ensayo y también crítica literaria.  Además de a Natalia Ginzburg, a quien admiró y que la influyó profundamente, tradujo a Primo Levi, Virginia Woolf, Gustave Flaubert y Emily Brӧnte.


Todos Nuestros ayeres / 354 pág. / ed. Lumen

 

Importante: No leer la contratapa de Italo Calvino antes de leer el libro, porque revela algo importante que pasa en la mitad de la novela. ¡Una lástima!

Aclaración: A quién le sorprenda el Maria sin acento, los nombres no se traducen y en italiano María no lleva acento.


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Natalia Ginzburg (1916-1991), nacida como Natalia Levi (de padre judío y madre católica), adopta el apellido de su marido Leone Ginzburg, un intelectual judío de origen ruso, que junto con su amigo Giulio Einaudi fundan la famosa editorial Einaudi. Durante la guerra el matrimonio se refugia en un pueblito del sur de Italia. En 1944, Leone es apresado y muere torturado en una cárcel de Roma.

Al finalizar la guerra, Natalia se instala con sus tres hijos en Roma y comienza a trabajar en la editorial Einaudi. Allí es editora y publica sus primeros libros. Se casa por segunda vez con Gabriele Baldini, un profesor universitario y ensayista con el que tiene dos hijos más (uno de ellos muere al año), y vuelve a quedar viuda en 1969.

Natalia Ginzburg escribió durante toda su vida y fue respetada por los intelectuales de la época, aunque se la tenía en menos porque se ocupaba de “temas menores” como la vida cotidiana y las relaciones familiares. Hoy en día, se la considera como una de las voces más importantes y representativas de la narrativa italiana del siglo XX. Escribió ensayo, novela, cuento y teatro, además de artículos que publicaba en diferentes medios. Sus libros más reconocidos son Las pequeñas virtudes, Léxico familiar, Querido Miguel y Todos nuestros ayeres. También fue traductora de Maupassant, Flaubert y Proust.

Su hijo mayor, Carlo Ginzburg, es un filósofo e historiador muy reconocido que se interesa especialmente en la Microhistoria, una rama muy interesante que rastrea e investiga temas que generalmente pasan inadvertidos —historias sobre individuos comunes, sobre la vida cotidiana de las personas— y aportan una visión diferente que nos lleva a tener una mejor comprensión de la Historia.

 

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