Víctimas y victimarios

Conocí a Fikry El Azzouzi en el Filba Internacional que se hizo en octubre del año pasado en Buenos Aires. Ya entonces me compré Nosotros en la noche en la Feria misma del Festival. Algo me atrajo de ese chico flaco, apocado. Bueno, hablar de chico revela mi edad. Fikry El Azzouzi tiene cuarenta años, pero realmente tiene la apariencia de un chico. De nacimiento belga pero de ascendencia marroquí, en una entrevista para Infobae  dijo: “Si querés alquilar una casa (en Bélgica) con un apellido árabe es casi imposible. Lo mismo si querés ir a un club a bailar o cuando vas a buscar trabajo” y más adelante agrega: “…a una persona de tercera o cuarta generación de origen marroquí, la sociedad y el Gobierno la consideran marroquí”; y eso tiene todo que ver con esta novela impactante.

El inmigrante nunca deja de serlo. Nunca se integra. El prejuicio contra el inmigrante se vuelve un boomerang que se retroalimenta cuando el excluido no encuentra salida. Un tema candente en la Europa actual, atemorizada por esos inmigrantes de piel oscura que invaden sus ciudades y a los que culpa de todos sus males. Parias en una cultura que los excluye, los jóvenes se sumergen en la marginalidad en lo que pareciera ser un viaje sin retorno.

Nosotros en la noche retrata la vida de cuatro adolescentes que viven en un pueblo de Bélgica, un pueblo pequeño en el que, cuando baja el sol, ya no hay nada que hacer. Adolescentes que no estudian, que pasan la mayor parte del día y de la noche en la calle y combaten el aburrimiento asustando a mujeres, robando, visitando burdeles o consumiendo drogas. El que narra en primera persona es Ayoub. Tiene quince años y lleva siempre un cuaderno de notas en el que escribe. Así empieza la narración.

“Hay días en que me saca a la calle como a una bolsa de basura. Con la diferencia de que a la basura se la llevan, a mí no me pasa a buscar nadie. En realidad, hasta lo entiendo. Los ataques de ira de mi padre se deben a un trastorno de agresividad que no puede controlar. Es como un gato que tiene el impulso de cazar ratones, o un mosquito que no puede dejar de chupar sangre. La necesidad de demostrar su dominio, de dejar en claro quién manda, es instintiva. Sí padre, lo sé, en tu casa mandás vos. Nadie lo duda. Ya habías marcado el territorio mucho antes de que yo naciera. Pero, ¿en serio hace falta echarme al frío helado de la noche sólo porque vuelvo a casa a las once?”

El castigo de cerrarle la puerta y no dejarlo entrar no es, claro, la solución. Deambular en las noches da mayores oportunidades para el desborde. Rechazados por sus padres y por la gente que los considera delincuentes de poca monta se convierten en víctimas y victimarios al mismo tiempo. Llevan en el color de su piel estampado su origen, salvo Kevin, que aun siendo blanco, decide cambiarse el nombre por Karim porque se identifica con la marginalidad en la que viven sus amigos musulmanes.

Ayoub es muy sarcástico y piensa que a sus amigos les falta un tornillo, pero aunque no sean suyas las iniciativas, los acompaña. Fouad, al que conoce desde jardín de infantes, es físicoculturista y está obsesionado con su cuerpo y sus músculos. Toma pastillas, se inyecta esteroides y come diez huevos por día para ser más fuerte. Maurice y Karim no tienen ninguna contención familiar y están a la deriva. Hay una desesperación implícita en la violencia que ejercen contra los demás. Un rencor que puede llevarlos a moler a palos a un viejo. Una sensación de injusticia que no afloja. Una necesidad imperiosa de encontrar un sentido, que se hará evidente cuando la tragedia los toque y cada uno deba lidiar con ella.

La novela, escrita en presente, tiene una velocidad tal que uno no puede dejar de leerla hasta el final. Dura y al mismo tiempo con un humor corrosivo, plantea una realidad que nos pide a gritos respuestas, respuestas que no tenemos, que francamente nadie ha sabido dar.

La traducción de Micaela van Muylem llama la atención porque es marcadamente porteña: por el voseo, los modismos y las palabras. Uno está muy acostumbrado a leer las famosas traducciones “neutras”. Sin embargo, no hay forma de traducir en “neutro” el habla de los adolescentes, por lo que pasado el primer impacto, la traducción está muy bien y tiene al final un glosario para las palabras marroquíes y neerlandesas que se conservan y nos recuerdan permanentemente la cultura de origen de los personajes.


fikry

 

Fikry El Azzouzi (1978) publicó en 2010 su primera novela: Het Schapenfeest (La fiesta del cordero) no traducida al español y a partir de entonces publicó varias novelas y obras de teatro. Nosotros en la noche es su primera novela  traducida al español. Gran acierto de la editorial argentina Clase Turista. La novela ganó un premio en su país, lo que dio lugar a que se tradujera a varios idiomas. Nosotros en la noche cosechó mucho éxito en Bélgica y, entre otros lugares, en Alemania.

 


Nosotros en la noche / Fikry El Azzouzi / Ed Clase turista / 201 pág.

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