La lectura pide compañía

¿Cómo funciona la mente de un escritor?, ¿qué lo mueve? ¿Para qué escribe? “El primer aprendizaje de un autor”, dice Juan Villoro, “es que los libros no quieren ser escritos. Se resisten, sacan las uñas, muerden.” No hay certezas en el proceso creativo. El autor de ficción como un sonámbulo avanza por un camino que no conoce. No sabe adónde va, pero escribe para saberlo.  “Su expedición ocurre en la página, sin mapas definidos ni estrategia preconcebida.”

La utilidad del deseo es un libro que reúne dieciséis ensayos literarios excepcionales que ahondan en los motivos, las intenciones, los anhelos de los escritores en general y de algunos autores europeos y latinoamericanos en particular. Juan Villoro desmenuza los resultados (las obras), pinta el panorama literario previo y posterior, dialoga en su análisis con otros críticos y llega a  conclusiones interesantes que no clausura porque piensa que las ideas valen la pena si no se agotan en sí mismas, si conservan algún misterio y conducen a nuevas interpretaciones y preguntas. Y sin duda Villoro logra su cometido porque sus ensayos generan múltiples pensamientos sobre las posibilidades de la escritura y  las diferentes lecturas que se pueden hacer de un texto.

Villoro dedica tres de estos ensayos a la literatura rusa, uno sobre el panorama de la literatura rusa del siglo XIX , otro sobre Gógol con su humor irónico, que divierte y duele al mismo tiempo y uno más sobre la razón arrebatada de Dostoievski, con sus personajes contradictorios, que como Borges comentó, pueden llegar a matar por bondad.

Cuando analiza la obra de Peter Handke, un ensayo que me gustó particularmente  aunque no conozco la obra de Handke, Villoro reproduce los métodos con los que Handke intenta alcanzar su meta: recuperar el asombro. En su búsqueda empecinada, Handke emprende una vida errante sin domicilio. El narrador debe tener la actitud atenta del extraviado, dice, y propone un desplazamiento para pensar el mundo. “Handke no viaja para conocer lugares sino para interrogarse en ellos”, dice Villoro. Ese desarraigo es su estrategia para encontrar significados.

En su impresionante ensayo sobre la traducción, un capítulo que bien vale la compra del libro, Villoro reflexiona sobre el trasvase de sentidos de una lengua a la otra y lo transforma en un medio para pensar el lenguaje y la literatura. Cómo se traduce el misterio, lo que no termina de decirse, el erotismo, las emociones que se suscitan y que surgen del texto pero no se explicitan; lo que solo se sugiere, lo que pasa entre líneas.

Al tratar el tema de la literatura infantil, Villoro nos recuerda quiénes fuimos alguna vez y nos lleva a evocar la sensibilidad del niño. “No es fácil preservar la dimensión infantil”, dice y cita a Baudelaire: “Tenemos de genios lo que conservamos de niños”. La literatura infantil  requiere de una rigurosidad extrema. No hay nada más serio que la concentración del niño cuando juega. Hasta en la magia hay reglas y la lógica del niño no admite que se rompan. La utilidad del deseo tiene que ver con esa magia de los cuentos infantiles  en donde las ilusiones se cumplen por el solo hecho de desearlas.

Los ensayos de Villoro son ricos en historias  y en reflexiones que a veces nos exigen un respiro en la lectura para tener el tiempo de procesarlas y retenerlas en la memoria. Además del conocimiento, Villoro tiene la experiencia de vivir en carne propia las dificultades de la escritura y eso se nota en el tipo de cuestiones que aborda. Al terminar los ensayos uno tiene más bien la sensación de haber leído un libro de cuentos. Relatos en primera persona, contados por alguien que nos lleva de paseo como un amigo a través de distintos territorios y nos  contagia su entusiasmo.

“Quien lee, dialoga mentalmente con el autor, consigo mismo y con un tercero al que quiere transmitir sus impresiones. La lectura pide compañía.”.

 

 

 


J. Villoro

Juan Villoro (1956) nació en México y estudió Sociología. Es hijo de Luis Villoro, un reconocido filósofo ya fallecido, y de Estela Ruiz Milán, psicoanalista fundadora de la Sociedad de Psicoanálisis y Psicoterapia de la Ciudad de México. Hizo toda su escolaridad en el colegio alemán  y vivió tras terminar su carrera  unos años en Berlín Oriental donde trabajó como agregado cultural en la Embajada de México. Tras esa experiencia tradujo varias obras del alemán.

Fue profesor de Literatura en distintas universidades y de Periodismo en la Fundación de Nuevo Periodismo creada por Gabriel García Márquez. Su ámbito natural es la escritura. De ficción y no ficción. Colabora con sus columnas y artículos en diarios y revistas literarias de varios países hispanoamericanos. Escribe novela, cuento, ensayo, crónica y teatro (en Argentina estrenó el año pasado Conferencia sobre la lluvia). Ganó muchísimos premios como el Premio Herralde por su novela El testigo (2004), el Premio Internacional de Periodismo Rey de España en el 2010, el Premio Iberoamericano de Letras José Donoso en el 2012, el Premio Iberoamericano de Narrativa Manuel Rojas en 2018,  y muchos más. Por si fuera poco, Villoro también tiene tiempo para escribir sobre otros temas que lo apasionan como el fútbol, el cine y el rock.

 

 

 

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