Desmantelar la crueldad

El discurso inaugural de la Feria del Libro de Buenos Aires lo dará, en su 45° edición, una argentina que reside hace más de treinta años en Brasil. Rita Segato es antropóloga, y trabaja como docente e investigadora desde 1985 en la Universidad de Brasilia. Los temas que ha estudiado a lo largo de su carrera son  la violencia de género, el eurocentrismo, la colonialidad del poder y del saber, el capitalismo, la raza; pero estos, afirma, no son temas desconectados, por el contrario, están complejamente interconectados y moldeados por  la sociedad patriarcal en la que vivimos.

Contra-pedagogías de la crueldad está compuesto por cuatro conferencias o clases en las que Rita  Segato hace un recorrido por todos los temas que ha abordado a lo largo de su carrera, por lo que es, digamos, una síntesis de su posición respecto a muchos temas. Para un desarrollo más exhaustivo de cada temática en particular Segato tiene otros libros que reúnen ensayos específicos sobre la materia en cuestión.

En Contra-pedagogías de la crueldad, Segato afirma que el problema de la violencia de género no se puede compartimentar, porque es parte y consecuencia del sistema en su conjunto. El sistema patriarcal es la matriz que lleva en sí misma el cúmulo de conceptos y creencias que es necesario de-construir para desestructurar lo que Segato llama “Pedagogía de la crueldad”. Este sistema no tiene como víctima solo a la mujer sino también al hombre que sufre la violencia intra-género. El mandato de masculinidad conduce a los hombres a la obediencia hacia sus pares —y también opresores—, los lleva a obedecer las reglas y las jerarquías del corporativismo masculino por el prestigio que pertenecer a la cofradía tiene, pero al mismo tiempo los hace pagar hasta con sus vidas el “fardo” de su masculinidad.

Lo que Segato llama “pedagogía de la crueldad” es la captura de la vida que fluía imprevisible para instalar la esterilidad de la cosa que conviene al consumo del capitalismo. En este contexto la relación entre las personas se vacía y se transforma en una relación entre funciones, utilidades e intereses.  La repetición de la violencia produce el efecto de normalización necesario para desensibilizarse frente al sufrimiento del otro. El capital depende de que seamos capaces de acostumbrarnos a ese espectáculo de la crueldad. La cosificación de la persona, la enajenación, el aislamiento, la desprotección y la indefensión de la vida actual, el trabajo semi-esclavo debido al carácter precario del empleo y el salario: un modelo de explotación que depende de que naturalicemos la expropiación de la vida.

El hombre con su mandato de masculinidad está más dispuesto para la crueldad porque su entrenamiento para la vida lo lleva a concebir  una afinidad entre masculinidad y guerra,  entre masculinidad y distanciamiento, entre masculinidad y baja empatía. Así es como los hombres sufren y no perciben su propio sufrimiento y por ende tampoco pueden tratarlo. No lo pueden expresar y eliminan por tanto la percepción de ese dolor. El narcicismo no los deja ver sus carencias, hace que no puedan enfrentarse con su fragilidad y su insuficiencia. Por el contrario, las mujeres podemos reconocernos sin miedo como seres faltantes, en necesidad, y nuestra forma de vincularnos  nos permite encontrar el apoyo y la contención que necesitamos.

A principios de los años noventa la Secretaría de Seguridad Pública de la ciudad de Brasilia acudió a la Universidad para consultar a las investigadoras de los  temas de la mujer por el número sorprendentemente alto de violaciones callejeras. Fue así como Rita Segato comenzó un estudio en el que ella y un equipo de estudiantes entrevistaron durante años a presos por violación y que concluyó con la publicación de Las estructuras elementales de la violencia. La primera sorpresa que tuvieron, como equipo, fue que al igual que ellos, el preso también buscaba comprender su acto. No tenía necesidad, decían: “yo tenía esposa, tenía varias novias, con mis amigos íbamos al burdel el viernes a la noche. Entonces si no tenía necesidad de una mujer, ¿por qué violé?”. No tenían respuestas.

Así fue surgiendo la idea de la violencia como una dimensión más expresiva que instrumental. “Qué dice la violación y a quién”.  Lo que lleva la interpretación del acto a otro ámbito. No es ya una cuestión de libido, sino de poder. Y no hay allí solo un eje vertical de agresor- víctima sino también un eje horizontal de agresor-pares. El análisis involucra entonces todo el conjunto de valores del sistema patriarcal con su mandato de masculinidad y dominación en el que  la mujer se transforma en un objeto y pasa a ser la víctima más a mano para dar paso a la cadena ejemplarizante de mandos. Por tanto, no hay que ver el problema de la violencia de género como una cuestión de relación entre hombres y mujeres sino considerarlo en el contexto más amplio de sus circunstancias históricas.

El camino de la de-construcción que Segato propone consiste en una contra-pedagogía de la crueldad, una contra-pedagogía del poder. Una de-construcción del orden patriarcal para rescatar la sensibilidad. Cultivar los vínculos para resistir las presiones actuales y encontrar caminos alternativos.  Una de las claves es desmontar ese mandato de masculinidad que victimiza al hombre obligándolo a obedecer las reglas y jerarquías desde que ingresa a la vida en sociedad;  y la familia es — tenemos que tenerlo en cuenta— la que lo prepara para ello. Hoy ya muchos hombres se retiran de ese pacto corporativo y marcan un camino que transformará a la sociedad.

Solo un mundo vincular y comunitario puede poner límites a la cosificación de la vida. Centrarse en las cosas como meta de satisfacción produce personas que también se transformarán en cosas, Centrarse en los vínculos lleva a la reciprocidad que produce comunidad.

El camino, entonces, es la desobediencia diaria, correrse fuera del orden establecido, desestabilizarlo  erosionando las certezas y las jerarquías. En el caso del feminismo no se trata de replicar la política patriarcal y la jerarquía del poder. El feminismo no debe construir al hombre como el enemigo natural. “Debemos soñar, pero no los sueños del patriarca”, dice Segato, y oponer una politicidad en clave femenina. Crear vínculos fuertes entre mujeres. Volver a generar el tejido comunitario, voltear las paredes que aislan los espacios domésticos; restaurar la politicidad de lo doméstico que es propio de la vida comunal. Es de allí que surgirá una nueva forma de acción política capaz de reorientar la historia hacia una felicidad mayor.

Segato  también advierte sobre el papel de Latinoamérica en la distribución mundial del trabajo intelectual. La teoría viene del hemisferio Norte, dice, y nuestro papel  es el de consumir y repetir las teorías del Norte. La docencia tiene que re-orientarse hacia el objetivo de enseñar a pensar —no solo de aprender y repetir lo elaborado por otros—. Enseñar es, también, autorizar el pensamiento propio.

Rita Segato hace un recorrido por sus treinta años de investigaciones y reflexiones: expone argumentos, propone un camino, nos ayuda a pensar, nos despierta, nos concientiza. Su pensamiento se aplica a nuestra cultura, porque no se transporta desde otros contextos sino que tiene origen en nuestra propia realidad latinoamericana. Por eso, y porque no es bueno que como personas adultas vivamos distraídos, creo que todo hombre o mujer que reconoce y se preocupa por la crueldad y la injusticia imperante debería leer a Rita Segato. Una lectura imprescindible.


 

Rita Segato (1951) nació en Buenos Aires y estudió Antropología en la UBA. En 1984 obtuvo su doctorado en Antropología Social en Queen’s  University Belfast, en Irlanda del Norte. Desde 1985 trabaja en la Universidad de Brasilia. En el 2017 recibió el Premio Latinoamericano y Caribeño de Ciencias Sociales Clacso y en el 2018 la Universidad Autónoma de Entre Ríos y la Universidad de Salta la distinguieron con el título Doctora Honoris Causa. Entre sus libros se destacan Las estructuras elementales de la violencia, La nación y sus otros, Las nuevas formas de la guerra y el cuerpo de las mujeres, La crítica de la colonialidad en ocho ensayos.

 

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