Literatura que transporta

Lo más interesante de Los mejores días es la atmósfera que Magalí Etchebarne logra. Una atmósfera enrarecida, enigmática, que se nos adhiere.  La oscuridad de algunos pasajes y un submundo de cosas no dichas nos atrapa y nos deja buscando respuestas. El enigma del otro y de uno mismo.

Son ocho historias independientes unidas por un estilo muy personal. Las  narradoras, siempre mujeres, cuentan de manera fragmentaria, pasando del presente al pasado, yendo y viniendo en el tiempo como en busca de claves que aporten claridad a lo que la protagonista no termina de entender: el misterio de la vida y de las relaciones humanas.

 

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Epígrafe

 

Las historias son elaboradas, con muchas aristas, y Magalí se anima a escribir en este, su primer libro, de una manera muy original y con un aplomo que impacta. El sexo es más exploratorio que amoroso y su efecto no siempre es sensual, sino que refuerza ese clima perplejo de las narraciones. “Todo está a la vista y sin embargo el misterio persiste” dice Alan Pauls.

En “Que no pase más” una mujer joven se va a vivir a la sierra con un novio que apenas conoce y que en más de una oportunidad desaparece sin dar explicaciones. El calor y las siestas contribuyen para crear un clima onírico.

Un día, lo escuché decir una especie de rezo. Estaba en la parrilla rascando la grasa con un papel de diario. No era hablar solo, tampoco un tarareo. Pero me llenó de pudor. Era como un tic, algo muy propio y descontrolado que se le estaba escapando.

Una amiga me contó una vez que su novio pensaba en voz alta. Había tenido problemas con una medicación y ahora ya estaba limpio, pero había quedado así, con la mente a la vista. Entonces se enteraba de todo lo que él pensaba de ella; solo tenía que seguirlo por la casa. Si él iba al baño, se acercaba a la puerta y se quedaba escuchando. A mí la historia me pareció aterradora, aunque un milagro, claro. ¿Qué haría yo si Ramón pensara en voz alta? ¿Cuánto puede durar una historia de amor si sabemos cuál es la verdad que nos une?

En “Tsunami”, una madre le dice a su hija: “El poder de mi tristeza es el de un tsunami”. Un tsunami que barrerá hasta su razón.

En “La nuez de Adán”, la narradora recuerda unas vacaciones en Córdoba con su familia, padre y madre en medio de una crisis matrimonial y una hermana mayor, de dieciocho, con su novio. La nitidez del relato, el personaje de una vecina con retraso, el clima melancólico y a la vez epifánico de una etapa de la niñez que termina nos captura y nos deja como en un limbo. No hay que hacer esfuerzos para entrar en las historias de Magalí, solo hace falta leer el primer párrafo para que su literatura nos arrastre a un lugar en el que el tiempo y la vida se suspende.


M. Etchebarne

 

Magalí Etchevarne (1983),  nació en Remedios de Escalada, provincia de Buenos Aires. Estudió Letras en la UBA, asistió a talleres literarios, colaboró en distintos medios y actualmente trabaja como editora en Random House. Publicó relatos en revistas literarias y en las antologías Historias de mujeres infieles (Emecé, 2008), El amor y otros cuentos (Mondadori, 2011), El tiempo fue hecho para ser desperdiciado (El perro negro, Chile, 2012).  Los mejores días es su primer libro y ya va por su sexta edición. cubierta_mejoresdias-alta-consombra_540x

 

En España los cuentos de Magalí fueron editados por la editorial Las afueras.

 

La opinión de los escritores:

 

Los mejores días / Magalí Etchevarne / Tenemos las máquinas / 109 pág.

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