La magia de Lorrie Moore

¿Quién se hará cargo del hospital de ranas? (1994) es la novela más conocida de Lorrie Moore que acaba de reeditar Eterna Cadencia el mes pasado. La oportuna reedición tiene que ver con la llegada a fin de septiembre de Moore, invitada por el Filba (Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires). La noticia despertó muchísimo entusiasmo entre su público: muchos escritores o lectores entrenados para apreciar una escritura que no es hermética, pero que dice mucho más de lo que parece en una primera instancia. Una escritura que no se agota con una lectura, ni con dos, ni con tres.

Lorrie Moore no es una escritora demasiado prolífica, ella misma se define como una escritora lenta. Seguramente por eso sus historias son tan sólidas. En sus cuentos, mayormente protagonizados por mujeres, despliega un humor muy propio que es su sello personal. Sin embargo esta novela  no se destaca por su humor (aunque no falten las ironías), sino por un clima melancólico que anuncia desde su primera página.

Berie, de treinta y siete años, casada y sin hijos, con un matrimonio a la deriva, viaja a París acompañando a su marido médico a un congreso. En París, siente el vacío del vínculo roto y la tristeza de una vida que no la conforma.  Y así como, en En busca del tiempo perdido, Proust prueba un trozo de una magdalena mojada en té y una sensación instantánea de felicidad lo asalta y los recuerdos de su niñez olvidada se le aparecen de pronto como salidos de esa taza de té; así Berie invoca a Proust, con el deseo de sentir ella también esa emoción perdida y volver atrás en el tiempo.

Lo que va a recordar Berie es un verano a sus quince años. Su amistad con Sils y todo lo que representa “la mejor amiga” en la adolescencia. Un período en el que todo es posible porque todo está por venir; en que somos temerarios aunque solo sea por inexperiencia, pero en el que las emociones nos laceran en carne viva y del que difícilmente salimos ilesos.

La amistad puesta en primer plano y una familia que duele y de la que Berie prefiere escapar. Un padre distante, inmerso en sus cosas y, sin embargo, sensible; una madre fría y ausente, una abuela dura que solo se suaviza con la música. La relación con un hermano menor que queda sepultada en la infancia y una hermana adoptiva que la avergüenza: los personajes de Moore se materializan sin necesidad de largas explicaciones, solo con la contundencia de sus actos.

Las canciones de la época aportan el contexto y se impone el buscarlas y escucharlas para entrar con todos los sentidos a la historia y comprender el diálogo constante que se entabla con las letras de las canciones que Berie y Sils se saben de memoria. La revolución de la contracultura de los años sesenta y setenta, Vietnam, las marchas pacifistas, el movimiento hippie y los conciertos.

Aunque el comienzo de la novela pueda resultar difícil, la lectura pronto se agiliza. El misterio en las frases y la oscuridad de algunos fragmentos representan un verdadero desafío para la traducción, pero Inés Garland supo hacerles frente y trasladar con éxito la multiplicidad de significados que se cuelan entre los intersticios de las palabras. Cada párrafo parece el trabajo de un orfebre y en cada relectura el párrafo dice más y más. Como si no terminara nunca de decir todo lo que tiene por decir. Como una fuente inagotable de sentidos. Y esa es la magia de Lorrie Moore.

 


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Lorrie Moore (1957) comenzó su carrera literaria muy joven. A los diecinueve años ganó un premio organizado por la revista Seventeen por su cuento “Raspberries”. Estudió en la Universidad de Cornell y dio clases de Escritura Creativa en la universidad de Wisconsin-Madison durante más de treinta años.

Publicó varios libros de cuentos: Autoayuda (1985), Como la vida (1990), Pájaros de América (1998), el más vendido, y el último, Gracias por la compañía (2015), que reseñé en este link.  Además, las novelas Anagramas (1986) y Al pie de la escalera (2009). Su último libro, What can be done, es una recopilación de reseñas y artículos que escribió a lo largo de los años para revistas como “The New York Review of Books” o “The New Yorker” .

3 comentarios

  1. Me parece muy creativo el argumento.

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  2. blbs

    Hola Magdalena,
    con respecto a tu comentario: “El misterio en las frases y la oscuridad de algunos fragmentos representan un verdadero desafío para la traducción, pero Inés Garland supo hacerles frente y trasladar con éxito la multiplicidad de significados que se cuelan entre los intersticios de las palabras.”, ¿hay mucha diferencia con la traducción de Márgara Averbach de la edición de Emecé de 2002 que tengo? ¿Es mejor? y la pregunta que más cuesta (en todos los sentidos): ¿justifica hacerse de un segundo libro, desde la edición de Eterna Cadencia (para nada económica en Uruguay)?
    Gracias

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    1. Magdalena Solari

      Hola blbs!
      La traducción de Márgara no la leí, pero la conozco bien porque fue mi profesora de Traducción Literaria II y no dudo que debe ser una buena traducción. No creo que se justifique comprarla de nuevo. Saludos!

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