La voz de la infancia

Hay muchos motivos para leer; pero cuando se trata de literatura, yo podría resumir mis motivos en dos: por interés o por placer. Leo por interés cuando el tema me convoca,  cuando me intriga el estilo innovador de un escritor, cuando siento una deuda intelectual —en el caso de un clásico—, o cuando quiero conocer a quien irrumpe en escena como un nuevo talento. Pero a veces — y ese es ciertamente el mejor motivo—, leo por puro placer. Claro que eso no es algo que suceda a diario y para eso hay que llegar al libro en cuestión. Pero ¿cómo encontrarlo cuando se apiña con otros en un estante y solo vemos el lomo de un libro cerrado; un autor desconocido, un título que  no significa nada todavía? En este caso, tuve la suerte de escuchar el nombre de Adrián Bravi de  boca de María Teresa Andruetto y al ver en la librería El árbol y la vaca y reconocer a su autor, sin más lo compré. El siguiente motivo para leerlo fue el simple placer de pasar una página tras otra y dejarme encantar por una historia que aborda el centro mismo de nuestra existencia: la infancia.

Adamo, a sus ocho años, se encuentra en el medio de la crisis matrimonial de sus padres. Se siente indisolublemente unido a ese padre distraído al que su madre grita todo el día. Un padre con un brazo tullido, que siempre está jugando con un esqueletito que lleva en el bolsillo, un padre que estudia a los pajaritos y pasa horas en el escritorio con sus libros; que se acuesta en la cama de Adamo, tras las peleas con Enrichetta, y esconde la cara en la almohada.

Entre  batallas, en las que a veces participan vecinos y ambulancias, Adamo se refugia en sus juegos y en un árbol del parque al que va a jugar cada mañana. Mientras su padre, liberado de su mujer, se sienta en el banco de hierro y lee, Adamo se trepa al árbol que se alza imponente a  sus espaldas. Subido a ese árbol, un tejo venenoso, Adamo se siente seguro. Y aunque los frutos son peligrosos —según predica su padre—, él ve que los pájaros se llevan los frutos en sus picos y no mueren. En secreto prueba el fruto y no solo no muere al instante, sino que lo  ataca la risa y ve aparecer como un milagro a una majestuosa vaca blanca que se bambolea, levanta la cabeza y lo mira. Esa será solo la primera vez; a partir de entonces el árbol y la vaca jugarán un papel importante y quedarán ligados como un halo protector en su imaginación.

El árbol y la vaca es una novela corta sobre la identidad que construimos en la infancia. A quien haya leído El varón rampante, de Italo Calvino, quizás le haga recordar a ese niño que se niega a comer los caracoles y se sube encaprichado a un árbol del que no bajará jamás. A quien haya leído Todos nuestros ayeres, quizás le recuerde esos personajes tan peculiares de Natalia Ginzburg, que con sus rencillas, sus egoísmos y sus defectos a flor de piel, irradian sin embargo una luminosidad que se expande por todas partes.

Adrian-BraviL’albero e la vacca se publicó en Italia en el 2013 y se tradujo al español en el 2017. Si bien Adrián Bravi (1963) es argentino —pero hijo de italianos—, hace treinta años que reside en Recanati, Italia —de donde era oriunda su madre—; y todos sus libros, salvo el primero, Río sauce, de 1999, están escritos en italiano. Según Bravi, debido a que ha perdido la cotidianidad con el español y siente que el italiano predomina en él. Sin embargo,  el tema de la Argentina y la migración es recurrente en su obra. En los últimos veinte años, Bravi ha escrito varias novelas, libros de cuentos y ensayo. Ha reflexionado respecto a los idiomas, y el uso de una segunda lengua, no nativa, por parte de escritores bilingües y en el 2017 publicó La gelosia delle lingue, fruto de esas reflexiones.

Adrián Bravi estudiaba Filosofía en Buenos Aires cuando decidió terminar sus estudios en la Universidad de Macerata, en Recanati. Lo que en principio iba a ser temporal, se volvió definitivo. Todavía  hoy trabaja de bibliotecario en la misma universidad en que terminó sus estudios.

 

El árbol y la vaca / Adrián N. Bravi / trad. Luciano Padilla López/ 157 pág. / Editorial Edhasa

 

 

 

 

4 comentarios

  1. Nora

    No conocía a este autor. Seguiré los consejos y empezaré por este título.

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    1. Magdalena Solari

      Vale la pena, Nora! Es un libro lindísimo!

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  2. “Por qué lees?” Me da mucha curiosidad saber los motivos por los que los demás leen. Me resulta una pregunta super interesante, aunque a veces dudo si es descortés preguntarle a una persona algo tan privado y personal porque es como que estás hurgando en su alma.
    O algo así :-)))

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    1. Magdalena Solari

      Bueno, lo de los dos motivos fue un reduccionismo, en realidad! A otro nivel leo por muchas otras cosas más profundas, que quizás solo puedan decirse por escrito. Porque leer, para mí, es el deseo intenso de un encuentro, una conexión muy íntima con otro, que pocas veces se da en la vida real (aunque no sea imposible). Es, de vez en cuando, sentir la emoción de pensar: acá hay alguien que siente como yo. Leer es para mí una búsqueda permanente, un buscar sin saber muy bien qué, con la fantasía de encontrar ahí las respuestas. Es un diálogo a solas, es una forma de pensar, es un placer estético, es mi forma de vida, es mi alimento, y quién sabe cuántas cosas más.

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