El juego de perderse

En este libro de ensayos, Rebecca Solnit se apoya en la naturaleza, en algunos pasajes de la historia, en sus propias experiencias y en reflexiones de otros escritores para pensar en temas tan intangibles y escurridizos como la búsqueda de la identidad, las transformaciones del alma y el deseo; un deseo que se despierta, muchas veces, al percibir la distancia que hay entre nosotros y lo que deseamos. Esa distancia en la naturaleza se tiñe de azul. “El azul de la distancia”, lo llama Solnit. Por eso las montañas más lejanas se ven envueltas en una bruma azulada.

A veces me pregunto si, con un ligero ajuste de perspectiva, podríamos valorar el deseo como una sensación en sí misma, ya que es tan inherente a la condición humana como el azul lo es a la distancia; si es posible contemplar la distancia sin querer recortarla, apropiarnos del anhelo tal como nos apropiamos de la belleza de ese azul que en verdad no se puede poseer. Y es que, como sucede con el azul de la distancia, la consecución y la llegada solo trasladan algo de ese anhelo, no lo satisfacen, igual que, cuando llegas a las montañas a las que te dirigías, han dejado de ser azules y el azul ha pasado a teñir las que se encuentran detrás.

En “El azul de la distancia”, un ensayo que se divide en cuatro partes y va alternándose con otros más personales, Solnit juega con la idea del deseo y del perderse. Nos lleva a través de algunos momentos de la historia: las exploraciones en la época de la conquista, las historias de cautivos que se habían perdido…, pero ¿por qué aun pudiendo hacerlo, algunos de ellos no quisieron volver?

Los exploradores siempre estaban perdidos, dice Solnit, pero cómo encontrar algo sin arriesgarse. Para eso hay que estar a gusto con la idea de perderse, con la incertidumbre. Es cuando nos perdemos que comenzamos a mirar con atención a nuestro alrededor, y es, quizás solo entonces, que vemos realmente por primera vez. Pero las personas que no van más allá de lo conocido, nunca pasan por esa experiencia.

En la última parte del ensayo, Solnit analiza la obra de Yves Klein, que usó el azul, como marca personal. Klein buscaba con su trabajo llegar a la disolución de la mente racional y al vacío de la conciencia pura. Buscaba desprenderse de lo finito y lo material. Por eso, Klein no representaba figuras con su arte, sino que mostraba “las huellas” que los cuerpos dejan sobre las superficies. La famosa fotografía de su Salto al vacío, era para Klein la huella de la obra de arte, un souvenir de la obra de arte que era el salto en sí mismo.

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Rebecca Solnit desciende, por parte de padre, de una familia de inmigrantes judíos. La pérdida fue una constante en su familia. La pérdida del idioma, de la memoria, y hasta de una bisabuela que se perdió en el tránsito entre el viejo mundo y los Estados Unidos. Cómo construir una identidad sin caras, se pregunta Rebecca en “Guirnaldas de margaritas”. Sin embargo, reflexiona, solo perdiendo ese pasado, podía su familia perder la condición de exiliados. Entonces la pérdida se vuelve incluso necesaria.

En los textos de Rebecca Solnit se respiran los Estados Unidos; nos paseamos por su geografía, por sus desiertos, sus montañas, conocemos su fauna y escuchamos sus canciones. Nunca se dice demasiado y queda mucho espacio para los pensamientos propios. Los ensayos de Solnit son complejos, multifacéticos; pasan de lo tangible a lo inmaterial, del intelecto a la emoción; cambian de tema, pasan de una anécdota a la otra y es fácil perderse —y quizás ese sea el plan—. Sin embargo, como lectora, creo que la tarea es buscar el significado de esas uniones. En esa búsqueda uno puede encontrar el sentido que Solnit quiso darle a sus ensayos o bien encontrar el sentido que despiertan en nosotros y creo que más allá de lo que encontremos, la búsqueda vale la pena.


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Rebecca Solnit nació en 1961 en California, Estados Unidos. Escribe regularmente en medios como The Guardian, Lithub, Harper’s magazine y es una ensayista muy reconocida. Publicó más de veinte libros en inglés. Traducidos al español están Los hombres me explican cosas, también de Fiordo, y Wanderlust: una historia del caminar.

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