Una sinfonía inconclusa

La historia de la publicación de Suite Francesa bien podría ser el guión de una película, pero no lo es: la historia es real. El manuscrito, de 1941/1942, permaneció inédito hasta el 2004. Tras sesenta y dos años el libro se publicó y se convirtió en un fenómeno editorial. Ganó ese mismo año el Premio Renaudot, se tradujo a treinta y nueve idiomas y en el 2005, ganó el Premio del Gremio de Libreros de Madrid.

Suite francesa fue el último libro que escribió Irène Némirovsky, una escritora que había tenido mucho éxito en Francia, pero que en 1940, con el primer Estatuto de los Judíos, perdió el derecho a publicar en una Francia que ya había sido ocupada por los nazis.

Irène había nacido en Kiev en 1903, su padre era banquero y disfrutaban de un alto nivel de vida. Después de la revolución rusa y cuando la escalada de violencia se hizo más fuerte, su padre se vio obligado a pasar a la clandestinidad. Consiguieron huir de Moscú a través de Finlandia, donde vivieron escondidos en un caserío durante un año; después pasaron a Estocolmo, en Suecia, para finalmente instalarse en París en 1919. Allí el padre volvió a trabajar y la familia volvió a gozar de una buena posición. Irène, que desde niña tenía una institutriz francesa, estudió Letras en la Sorbona y a los veintiséis años, en 1929, publicó con mucho éxito su primer novela: David Golder. Luego vinieron muchas más, entre ellas: El baile, El vino de la soledad y Jezabel.

Pese a su notoriedad y pese a haber vivido ya diez años en Francia cuando comenzó la guerra, Irène nunca pudo conseguir la nacionalidad francesa y por ser judía y extranjera, en julio de 1942 la detuvieron y la enviaron a Auschwitz, donde a los pocos días fue ejecutada. Unos meses más tarde su marido corrió la misma suerte. Pero sus dos hijas, confiadas desde el principio de la guerra a su niñera, lograron salvarse no sin pasar por mil peripecias. Las niñas llevaron en sus continuas huidas una valija con recuerdos, fotos y un manuscrito que durante decenas de años no se animaron a leer, creyendo que se trataba del diario de su madre. Finalmente, su hija menor, Denise Epstein, lo hizo y descubrió que el manuscrito era, en realidad, dos novelas. Entonces comenzó la difícil tarea de descifrar, con una gruesa lupa, la letra mínima que había hecho Irène para ahorrar papel.

Junto con las novelas estaban las notas en las que Irène iba dándole forma a su proyecto. Quería escribir cinco novelas que contaran la guerra, cada una como si fuera un movimiento de una sinfonía. Tendrían doscientas páginas cada una, mil en total. Pero el tiempo solo le alcanzó para escribir las primeras dos: Tempestad en junio y Dolce. Tenía una idea bastante clara de la tercera, las siguientes dependerían de lo que pasara en adelante. En esas notas, que la editorial Salamandra incluyó en este libro, Irène detalla la sólida arquitectura de su plan, juega con distintas posibilidades, piensa en el modo de lograr ciertos efectos.

En Tempestad en junio, la obertura, los alemanes están a las puertas de París. La ocupación es inminente y los parisinos abandonan sus hogares a toda prisa. Las escenas se suceden como cuadros. Algunos intentan subirse a los trenes que parten repletos. Los más pudientes cargan sus autos, tratando de salvar sus pertenencias pero encuentran las calles atestadas y es difícil avanzar. Por el camino el combustible se acaba, la comida se acaba y aflora en cada uno el instinto de supervivencia. Pequeños gestos heroicos o de simple generosidad, actos de egoísmo, de cobardía. Los personajes, que son muchos, se van cruzando y componen un fresco deslumbrante.

En Dolce, los alemanes ocupan un pueblo francés, Bussy. La novela muestra la situación de los habitantes del pueblo que se ven forzados a darle alojamiento a los alemanes en sus propias casas y, en primer plano, cuenta la historia de un oficial alemán que se enamora de la mujer francesa que lo aloja. En el 2015, Dolce llegó al cine con el nombre que contiene a las dos: Suite Francesa.

Escritas durante la guerra y muy lejos de su final, las novelas hablan de la vida de personas comunes sometidas a circunstancias extremas y con un narrador casi invisible, a la manera de Flaubert, muestran, sin sentimentalismos ni odios, la parte humana y la parte oscura de las personas. En el contexto de la persecución de la que Irène y su familia fueron víctimas, de la supresión de sus derechos, de la separación obligada de su familia, y a la luz del destino final que tuvo su vida, el tono que Irène Némirovsky usa en Suite francesa estremece y uno se queda, sencillamente, sin palabras.


Suite francesa / Irène Némirovsky / trad. José Antonio Soriano Marco / 473 pág. / Ed. Salamandra

1 comentario

  1. Paquita Sanmartín

    Un libro sencillamente maravilloso de una escritora que, como otros muchos, vieron truncada su vida por la barbarie de aquella época. ¡Que magníficos libros hubieran sido si los hubiera podido escribir como ella deseaba!!

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