Una conciencia que crece

En El retrato de un artista adolescente, James Joyce escribe una especie de autobiografía, aunque se da a sí mismo el nombre de Stephen Dedalus y cambia los nombres de sus amigos y de su familia. En esta autobiografía, no es la sucesión de experiencias lo importante, sino el estudio que Joyce hace de la evolución de un alma. Del desarrollo de la mente. De una conciencia que crece y se acomoda como puede a las exigencias del mundo exterior. Y de una sensibilidad que enseguida intuimos especial. Un niño interesado en las historias, fascinado por las palabras, por su sonoridad; un niño que observa, que escucha y relaciona.

Dios era el nombre de Dios, lo mismo que su nombre era Stephen. Dieu quería decir Dios en francés y era también el nombre de Dios; y cuando alguien le rezaba a Dios y decía Dieu, Dios sabía desde el primer momento que era un francés el que estaba rezando. Pero aunque había diferentes nombres para Dios en las distintas lenguas del mundo y aunque Dios entendía lo que le rezaban en todas las lenguas, sin embargo, Dios seguía siendo siempre el mismo Dios, y el verdadero nombre de Dios era Dios.

Pensar en estas cosas lo agotaba. Le producía la sensación de que le crecía la cabeza.

A lo largo de cinco capítulos, la conciencia de Stephen pasa del abrigo del hogar, a la sensación de abandono en el colegio de curas donde lo ponen pupilo; sufre luego la ruina familiar, las continuas mudanzas. Siente el amor por primera vez, los libros lo cautivan. Un nuevo colegio religioso lo oprime en la adolescencia y experimenta el despertar sexual, las urgencias del deseo, la tortura del pecado. Culpa, culpa, se arrepiente, se retracta, busca su vocación y decide su partida.

Joyce se detiene en ciertos momentos que se revelan como epifánicos y observa sus sensaciones. Pero ante todo, su interés es literario. Desarrolla su propia teoría del arte y toma su vida como materia para ensayar con la forma. La evolución, por tanto, no es solo la de su espíritu, sino también la de su escritura.

La lectura de El Retrato exige mucha atención. La realidad convive con los recuerdos y los pensamientos, con la imaginación y los sueños. Una distracción y de pronto te encontrás en medio de un espacio brumoso y extraño. Qué es real, qué es ficticio, y entonces hay que volver atrás, un poco a tientas, hasta encontrar una referencia cierta y hacer pie en alguna parte.

El Retrato del artista adolescente surgió a partir de un ensayo: “Retrato del artista”, que con el tiempo fue evolucionando y creciendo hasta llegar a tener cientos de páginas. Por entonces Joyce le había cambiado el nombre por Stephen hero. Después de terminar Dublineses, Joyce lo retoma y lo reescribe por completo, ahora con el nombre de El retrato de un artista adolescente. Fue mientras estaba trabajando en su reescritura que Ezra Pound lo contacta. EL poeta norteamericano estaba viviendo en Londres, trabajaba para la revista modernista “The Egoist”, y andaba a la caza de nuevos talentos. A través de Yeats leyó algunos poemas de Joyce y quedó deslumbrado. Pound le pide a Joyce que le mande algo para publicar y Joyce le envía el primer capítulo del Retrato. Así es como la novela se empieza a publicar por entregas en la revista y Joyce se hace conocido. En 1916, finalmente, se publica El retrato de un artista adolescente en forma de libro.

1 comentario

  1. Beatriz Vedoya

    Estoy leyendo de a poco los textos deel taller. Me gustan!!!

    Le gusta a 1 persona

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