Zama: dedicada a los que esperan

En el momento de su publicación, 1956, y durante muchos años después, Zama no tuvo la repercusión que merecía; sin embargo, pareciera que el momento ha llegado. Zama, la obra maestra de Antonio Di Benedetto, está recibiendo ahora una atención especial debido a que, por un lado, en agosto de 2016 se publicó en los Estados Unidos traducida por primera vez al inglés por Esther Allen  y, por otro, se aproxima el  estreno de la co-producción argentino-española de Zama, dirigida por la argentina Lucrecia Martel.

John Coetzee, premio Nobel de literatura 2003, escribió una larga y entusiasta reseña de Zama en “The New york review of books”. También elogioso, el escritor Benjamín Kunkel la reseñó para “The New Yorker”.  Se dice que las próximas obras de Di Benedetto en ser traducidas serán El silenciero y Los suicidas que junto a Zama integran una “trilogía de la espera”.  

La novela esta situada a fines del 1800. Diego de Zama, asesor letrado, acepta ir al Paraguay, en lo que creyó un fugaz interinato, para ascender en su carrera. Pero queda allí varado y el ascenso en compensación por sus servicios nunca llega. Su mujer, Marta, y sus hijos están a cuatro meses de viaje, por barco y por tierra. Zama vive a la espera de las cartas de su mujer o de su madre. Espera la noticia de su nombramiento y el traslado a un destino superior como Buenos Aires, Perú o España. Espera la paga que se demora y llega solo unas pocas veces al año y en esa espera eterna su vida se vuelve cada día más miserable y precaria.

La novela está dividida en tres partes muy diferentes entre sí.  En la primera vemos un Zama todavía joven, orgulloso, impulsivo, que sufre la falta de su familia y de amor físico. Aunque quisiera serle fiel a Marta, anhela el amor de una mujer, pero solo “blanca y española” aclara con orgullo cuando declina una invitación a una reunión con mulatas libres. Zama es un criollo que no quiere serlo. Un advenedizo que desprecia lo americano y mira siempre a Europa. Cada paso que da es una estrategia para conseguir lo que nunca conseguirá.

En la segunda parte ya han pasado cuatro años y Zama tiene una amante. La mujer es una viuda pobre pero española, que no lo quiere y está harta de su pobreza. Tienen un bebé sucio que gatea en la tierra entre las gallinas. De la posada en que vivía lo echan por no pagar y termina en la habitación casi vacía de una casa solitaria y tenebrosa. Pasa hambre. Se enferma. Entre el delirio y el misterio apenas distinguimos entre lo que es real y lo que no lo es.

En la tercer parte ya han pasado otros cinco años. Zama vislumbra la posibilidad de llevar a cabo un acto heroico para conseguir el tan esperado ascenso y se une a un pelotón que va a la caza de un bandido. Hay un encuentro con los indios y una batalla. Esta es la parte más vertiginosa, más salvaje y mítica. Y también la más oscura y filosófica. Un lenguaje sucinto y telegráfico acompaña a gran velocidad un desenlace inesperado.

Di Benedetto desnuda los pensamientos de Zama y al hacerlo recrea un personaje absolutamente real, de carne y hueso; lleno de ambigüedades, cobardías y miedos. La angustia y la frustración constante van cercenando sus pretensiones. De la degradación física y moral quizás surja su naturaleza más pura.

Zama es una novela que impacta por la originalidad y la sobriedad de su estilo y su estructura. La tensión narrativa no cesa. Tal vez la espera de Di Benedetto haya llegado a su fin y Zama deje de ser una novela de culto para pasar a ser lo que siempre debió ser: una novela admirada y reconocida por todos, porque captura de manera singular la identidad argentina.

 


imagesAntonio Di Benedetto (1922-1986) fue un periodista y escritor argentino. Además de sus novelas más importantes: Zama, El silenciero y Los suicidas, escribió libros de cuentos como Mundo animal y El cariño de los tontos.

Fue sub-director del periódico “Los Andes” en Mendoza, donde vivía, y quizás por eso fue apresado por los militares el mismo día del golpe de 1976. Estuvo preso durante un año y medio y sufrió torturas y cuatro simulacros de fusilamiento. Cuando lo liberaron, en 1977, emigró a Europa y vivió en Francia y en España después. Volvió a la Argentina en 1984, tras el regreso de la democracia. Nunca se recuperó ni anímica ni físicamente de ese año largo de detención. Murió en 1986 debido a un derrame cerebral.

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